viernes, 13 de marzo de 2015

Entre ríos de rugby

    Noche cerrada en Gualeguaychú, con calor, cantos de grillos y sapos, una luna que echa una luz grisácea porque la cubren algunas hilachas de nubes, gritos entre los árboles del Parque Unzué.  El Carnaval se apagó hace muy pocos días, así que los sonidos no son de comparsas, turistas alborotados ni bailarines tapizados con lentejuelas y plumas.  Cuando se pasa un portón de madera pintado de negro, rojo y amarillo,  varios autos sobre el pasto reposan en silencio, apenas iluminados por la  diluida luz de la luna. Una fila de árboles los separa de un campo de juego.

  En la cancha, unos 40 jugadores practican rucks, pases, ataques. Hay gritos que llevan órdenes de los entrenadores y también instrucciones entre los compañeros.  Las torres de iluminación laterales, encendidas, sirven de guías y de testigos del entrenamiento de la primera división del Carpinchos Rugby Club,  el más tradicional de ese deporte en la ciudad y con ex jugadores desparramados en distintos lugares del país, que alguna vez pisaron este mismo pasto.  Los únicos sonidos que marcan la noche son las voces de los jugadores y los entrenadores, y el motor, cada tanto, de algún auto que pasa por el camino que conecta a la ciudad con el balneario Ñandubaysal.

   Después de algunos minutos, los tres cuartos entrenan una mitad de la cancha, a las órdenes de Maximiliano Rivero, dueño de un vivero y  empresa de mantenimiento de jardines, y los forwards con el otro entrenador, Mauricio Lischinsky, odontólogo y hasta el año pasado segunda línea titular del equipo.  De un lado a otro de la cancha, da órdenes el preparador físico, Emanuel Lapalma, que hace jiujitsu.  Él comenta que buscan incorporar algunos movimientos de esa actividad en los jugadores, para que sepan cómo derribar al rival, mientras mira cómo los forwards practican line y maul.

  Una y otra vez, line, maul, line y maul ( (en la foto, un momento de la noche con el entrenamiento de esa parte del juego). Lischinsky da instrucciones, a veces advierte cuando algún jugador está haciendo penal, marca cosas para corregir. Entre los delanteros, Eduardo Bartolini, dueño de un negocio en la ciudad,  parece ser el que lleva la voz principal en las jugadas.  Terminada la parte de práctica separada, la Primera arma un partido de práctica entre los propios jugadores de Carpinchos.  La luna sigue gris, casi escondida, los autos se escuchan cada vez menos, los jugadores  cumplen con su trabajo de entrenamiento. Dicen que la preparación física en Carpinchos mejoró mucho el rendimiento del juego.

   Al día siguiente, en uno de los salones del club, sentados a una mesa de madera larga, papas fritas y cerveza encima de ella, están: Lischinsky con su pequeño, Rivero, el presidente del club Juan Pablo Pasetti, que es empleado de una farmacia, el secretario y ex entrenador, entre otros cargos, el abogado Fabián Otarán, Bartolini y otro directivo y fundador del club, Fulvio Livio Crespo, que también es abogado.

  “Había antes del club distintos grupos que jugaban rugby. Un grupo se reunía en Juventud Unida, y se fueron de ese club, y dos personas, Antonio Bazán y José Taffarel, en 1982, nos fueron recolectando, yo era un gurí de 15 años.  En 1983 se decide ya fundar oficialmente club” recuerda Crespo. Y agrega: “Había menores de edad que firmaron el acta de fundación, no sé cómo hicieron para firmarla”. Otarán complementa: “Desde los ’60 existía un equipo que se hacía llamar Carpinchos, que tenían remera  blanca, pero eso antes de la fundación del club”.

  En esos años de los ’80, Carpinchos, junto a clubes como Barbarie y Tacuara, de Concepción del Uruguay, fundaron la Liga del Río Uruguay, que incluía equipos del país vecino, como El Trébol de Paysandú. Esa liga desapareció y hoy Carpinchos juega el torneo provincial, de la Unión Entrerriana de Rugby, del que es uno de los equipos más fuertes, y que ganó en 2003.

  En ese certamen, juegan con equipos omo Central Entrerriano, también de Gualeguaychú, Universitario de Concepción del Uruguay, San Martín de San Jaime de la Frontera, Pecarí de Villa Elisa y Peñarol de Rosario del Tala, entre otros. Precisamente ante ese equipo de Rosario del Tala, Carpinchos ganó su único campeonato provincial, un día de mucho calor de noviembre que incluyó un tercer tiempo con guiso, después de la final.

   La camiseta de Carpinchos es negra, con una franja roja horizontal en el medio, y dos más finas amarillas, encima y debajo de esta. Los colores son los mismos que Otago, un equipo de Nueva Zelanda muy poderoso. Crespo recuerda que “las primeras camisetas que mandamos a hacer, cuando nos las hicieron, se habían equivocado y las habían hecho marrones. Así que conseguimos unas celestes y blancas. Cuando mandamos a imprimir el escudo y el nombre del club, se equivocaron en la impresión y pusieron, en vez de Carpinchos, Carpenters, como el grupo de música. Nos decían en esa época: ‘Ahí vienen los Carpenters’ (risas).

  En el plantel actual hay albañiles, comerciantes, profesionales y desocupados. Y entre ellos, se destaca como una de las figuras del equipo Juan Alberto Fabián, que es hipoacúsico, y que se encuentra de gira en Chile con el seleccionado argentino de rugby, formado por personas sordas. “Digamos como le decimos nosotros, no le decimos hipoacúsico, para nosotros es ‘El Sordo”, dice Passeti y agrega: “Es el que mejor entiende el juego”. Crespo acota: “Es un dotado para cualquier deporte. Cuando yo entrenaba a la primera decía: ojalá tuviésemos 14 más como ‘El Sordo’”.
   El predio donde juega Carpinchos, en el Parque Unzúe, una zona de clubes, campings y muchos árboles, y  muy cerca del centro de la ciudad, es de la Municipalidad, que se lo cede desde 1984. Pasetti, su actual presidente, recuerda: “Todo esto era monte; recuerdo que una persona del club nos traía en un Rastrojero, cuando yo tenía 15 años, a practicar rugby pero también nos daban azadas para sacar espinillos”.  Pasetti debutó en primera a los 16 años, y a los 18 dejó de jugar, hasta que regresó a los 30, etapa que se prolongó hasta los 37. Hoy tiene 42 años. “Cuando volví al club a los 30 el predio ya estaba mucho mejor, y ya había hockey femenino”, agrega.

Carpinchos tiene 260 personas que pagan la cuota social de 100 pesos, pero por ese monto se hace socio todo el grupo familiar, por lo que la gente que pertenece al club es mucho más grande. “Tuvimos etapas de más de 300 socios y otras de menos de 70. Igual, ahora estamos en crecimiento”, dice Pasetti.

  Rivero, que jugó hasta el año pasado, y ahora entrena a la primera junto a Lischinsky, afirma: “Nos falta gente, siempre solemos ser los mismos haciendo de todo”. Tienen unos 40 chicos en infantiles, una cantidad parecida en juveniles y casi la misma en el plantel superior.  Rivero, de 37 año, es entrenador, dirigente y árbitro. Por su parte, Lischinsky cuenta que nació en Corrientes, se fue a vivir a Buenos Aires, luego a Santa Fe, después a Neuquén, siguió hasta La Plata, regresó a esa provincia patagónica, donde jugó en el Neuquén Rugby, y ahí sí, recaló en Gualeguaychú. “Cuando llegué a la ciudad me acerqué para dar una mano en lo que hiciera falta, hacer el fuego del asado, cualquier cosa, Y así terminé participando y jugando y ahora entreno, desde este año”, dice, y cuenta que en muchos partidos del campeonato provincial abundan las interrupciones en el juego por falta de destrezas o infracciones. Rivero añade: “Además, muchos jugadores desconocen el reglamento y cometen muchas infracciones”.

   Los partidos, sin embargo, no suelen ser ásperos. “Son partidos normales”, cuenta Eduardo Bartolini, hooker, y uno de los más callados, esta noche de luna gris en Carpinchos.  El club organizó durante muchos años un Seven, que atraía a muchos jugadores de todo el país; y también recibieron en el predio de Parque Unzué a veteranos de Los Pumas, con los que jugaron un partido, e hicieron otro amistoso contra el seleccionado argentino de rugby de sordos. Esa vez, en el tercer tiempo, mientras disfrutaban de buenas porciones de carne y achuras, Rivero rememora: “Ya estaba por terminar el tercer tiempo, de Carpinchos quedaba yo y algunos más, y los sordos, todos calladitos. Y de golpe uno de ellos al lado mío salta y grita: ¡Pero qué buen asadooo!..y ahí me cagué todo.  ‘¿¿¿Pero vos hablás, entonces’???  Claro, yo estoy acompañando al entrenador (risas).
   También fueron a la cárcel de Campana a jugar un amistoso con el equipo formado por detenidos de la Unidad 41, a fines de 2012. Otarán, como abogado, señala: “En la medida en que ellos tienen un deporte, para jugar, pueden olvidar en alguna medida el encierro, y el juego, lo lúdico, da alegría a la vida, se olvidan las penas. Felicito a la gente de ese proyecto”. Pasetti hace memoria y dice: “Había uno de ellos que jugaba muy bien, y le comento a un compañero nuestro: ‘Fijate el 7, hay que ubicarlo cuando salga, juega muy bien’. Y me escucha un milico de ahí, de la cárcel, y dice: “Olvidate, ese tiene para 17 años más acá adentro” (risas).

  Los dirigentes de Carpinchos cuentan que la cuota es accesible, pero lo que encarece jugar al rugby en la zona es pagar los viajes. “Y, hay que calcularle que gastás, entre todo, unos 1500 pesos por mes, porque hay que viajar cada 15 días o a Paraná, o a Concordia o a Concepción del Uruguay, más pagar la ropa, la comida. Y encima jugás los domingos, con lo cual de visitante capaz te vas a la seis de la tarde y llegás a tu ciudad a medianoche y al día siguiente tenés que ir a laburar”, afirma Pasetti.

  Hablando de medianoche, esa hora empieza a acercarse en el Carpinchos Rugby. “No te preocupes que acá nadie trabaja”, dice Lischinsky, el odontólogo y entrenador. Bromas aparte, la reunión comienza a terminar, y en pocos minutos la mesa queda limpia, las luces se apagan, las torres de iluminación de la cancha también, y los autos que pastaban en el estacionamiento cobran vida y salen para cruzar el puente que atraviesa el Río Gualeguaychú y que los llevará a sus casas. El presidente se queda hasta el final y cierra él mismo el portón de entrada….

miércoles, 25 de febrero de 2015

Welcome to San Telmo reggae

  “Si digo que te levantes /es porque creo y siento en tu reacción/Y es que sentado en ese lugar no te puede ver nadie”, dice Nonpalidece en “Tu presencia”, canción que puede inspirar a Xoana Sosa a seguir adelante cuando un tackle la lleva al césped. “Nonpa” es una de las bandas favoritas de esta jugadora de rugby de Sociedad Italiana de Tiro al Segno (SITAS), club ubicado en El Palomar, que trabaja de empleada administrativa en el Ministerio de Economía de la Nación y que estudió unos años Ciencias de la Comunicación en la UBA.

  “Dejé Comunicación porque se me complicaba para entrenar. Pero me encantaba la onda de la facultad, hice todo el CBC en Puán, también un ambiente muy bohemio y de mucha militancia, yo estaba fascinada. Cuando estudiaba Ciencias de la Comunicación en la sede de Parque Centenario también disfrutaba mucho; me gustaban los talleres de Expresión, cursé y aprobé los tres niveles. Y Semiótica me encantaba, nunca volvés a ser el mismo una vez que la estudiás”(risas), cuenta Xoana, capitana de SITAS y jugadora por muchos años del seleccionado argentino de rugby para mujeres.  Ella tiene 27 años, vive en San Telmo y viaja tres veces por semana a El Palomar, para entrenarse junto a sus compañeras.

  “Quiero volver a estudiar en la UBA, pero no sé si Comunicación; capaz me meto en Antropología, Sociología o Trabajo Social, no lo definí”, reflexiona. Cuando cursaba en la Facultad, no solía ser frecuente hablar con otros compañeros de deporte. “No había muchas chicas que hicieran deporte; capaz algunas hacían hockey, con ellas hablabas de que por los entrenamientos no podés reunirte a estudiar, o de alguna lesión. Igual, me encantaba lo heterogéneo del ambiente, todo el mundo tenía la mejor, no podría haber estado en un lugar donde todo era deporte y nada más”, añade.  También algunos les señalaban, desde el prejuicio, que el rugby era elitista. “Estaba en algunos eso, pero en mi casi y en muchos otros, sobre todo en rugby jugado por mujeres, nada que ver. Yo todos los gastos me los pago, no tengo a nadie que me banque. Yo soy una laburante”.

  Claro que las diferencias socioeconómicas que existen por fuera del deporte, repercuten dentro de él.  “Y, a un chico de Alumni ya desde los 3 les dan una pelota de rugby, a los 18 ya tiene todas unas destrezas que una chica no. A lo mejor ese chico estudiará en la UCA, los padres le exigirán que estudie pero no necesariamente que trabaje, ahí hay otro poder adquisitivo. Ese chico tendrá acceso más rápido a un auto, y todas esas cosas”, dice.

  La familia de Xoana no tenía nada que ver con el rugby. Ya de chica, cuando tenía 11 años, les había pedido a sus padres que la llevaran a jugar ese deporte a algún club. Ellos se negaron y esperó a ser mayor de edad para empezar a practicarlo. Primero recaló en Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI), uno de los clubes pioneros en el rugby para mujeres, y al tiempo, junto a otras jugadoras, buscó otros rumbos y se fue a SITAS, club de la colectividad italiana que tiene muchos otros deportes. En la foto, ella aparece con la remera de esa institución.
 “Sitas nos abrió las puertas desde un primer momento, nos brindaron todo. Ellos querían tener rugby para mujeres y nosotras ya éramos un grupo. Y siempre nos sentimos muy cómodas en el club. Ni bien hablamos con la Subcomisión de Rugby, nos pusieron un entrenador. Y con los chicos de las categorías juveniles y con los del plantel superior está todo bien”, destaca. Inclusive la parte física de los entrenamientos semanales la realizan junto con los jugadores de divisiones inferiores. “Los chicos entrenan con nosotros, entonces ya van viendo como algo natural ver a una mujer tacklear, o dar un buen pase. El machismo es algo cultural”, agrega.
  Xoana, una de las mejores jugadoras del torneo de rugby de Buenos Aires, asegura que en Argentina “hay mucho machismo y el ambiente del rugby es todavía más machista. De los clubes de Primera solamente La Plata tiene rugby para mujeres. En SITAS, los chicos de juveniles ya tienen incorporados vernos entrenar y jugar, ya ven de otra manera el rol de la mujer”.  El club donde juega Xoana es uno de los más sólidos del campeonato, y el año pasado terminó tercero, detrás del campeón Centro Naval y de La Plata.  “Veníamos siendo pocas chicas, 8 o 9, hasta llegamos a jugar partidos con 6, pero ahora somos entre 15 y 18 entrenando, un muy buen número”, agrega, con miras al comienzo del campeonato de Buenos Aires, previsto para el 12 de abril. Cabe aclarar que el torneo se juega en versión seven, no con quince jugadores como en el rugby de hombres.

  Sosa fue convocada para la selección argentina entre 2008 y 2014, y jugó torneos en Estados Unidos, Chile y Uruguay, entre otros lados, defendiendo los colores de Argentina.  “Con las uruguayas y con las chilenas, especialmente, salen partidos muy aguerridos, duros, pero después del partido, en el tercer tiempo, está todo bien”, cuenta. A nivel de América del Sur, el seleccionado argentino está detrás del brasileño.

  “Hay cosas culturales. En Argentina a las chicas nos educan para ser pasivas, y a los nenes para que sean más activos. O mismo en el gimnasio, cuando voy a entrenar y le pido la mancuerna de 10 kilos a un chico, se me queda mirando como diciendo: ‘¿Para qué la querés’”, explica. También sorprende a sus vecinos de San Telmo con los cambios de look, que alternan entre ropa muy deportiva para ir a entrenar  y pollera con tacos altos, con pocas horas de diferencia.

  Sus compañeras en SITAS tiene ocupaciones diferentes: hay dos profesoras de Educación Física, una chica que trabaja en una heladería, otra que está en la Marina, otra cuida personas mayores y así. Dice no temer a los golpes propios del juego. “Yo si me tacklean fuerte sigo; si algo me dolió, que no se note. En todos los partidos siento mucha adrenalina, me pongo nerviosa de querer jugar, nunca sentí miedo ante la posibilidad de un golpe o una lesión. A veces hay mitos; hay chicas que tacklean un montón, y hombres que no lo hacen. He visto la garra que le ponen las chicas de Ezeiza Rugby o de Atlético San Andrés, ¿qué sabemos si los hombres de esos equipos tacklean  más que ellas?”.


   “A veces me preguntan qué piensa mi novio de que juego al rugby. Por suerte vos no me preguntaste eso (risas). ¿Me preguntarían qué piensa mi novio que trabaje de empleada administrativa? Así que no me importa qué piense mi novio, ya me conoció jugando”, remarca.  Tiene hechos tres dreadlocks en su pelo, aparte de Nonpalidece escucha a los portorriqueños de Cultura Profética y por estos días vuelve fundida de la pretemporada exigente con su equipo. Xoana concluye: “La pretemporada genera amor/odio, a veces estás contenta por haberla resistido y a veces pienso por qué llego a medianoche a mi casa, cansada y muerta de hambre. Como todas las pasiones, somos esclavas de ellas.” 

domingo, 14 de diciembre de 2014

El secreto de sus ojos

  Este vagón del Mitre parece que tuviera como destino Villa Gesell o Pinamar; muchas parejitas, ellas con musculosas y shorts con tela de jean, ellos con remeras y cargando equipos de mate. Los que viajan solos también apenas pasan los 20 años, como la chica de labios pintados de rojo intenso que contrastan con la blancura de su piel, o el chico de rastas que teclea frenético su celular. Este convoy es cómodo, con aire acondicionado, carteles indicadores que funcionan y asientos en estado perfecto. ¿Tendrán el mismo servicio las personas que viajan a Quilmes en el Roca, o a González Catán en el Belgrano Sur? Por lo pronto, mientras a los costados de las vías crecen las violetas en flor y se ven paredes con pintadas que dicen “Defe Campeón”, el tren sale de Capital y se mete en las estaciones de Vicente López, Olivos, La Lucila, Beccar, Martínez. Y nadie baja. Recién los primeros que descienden lo hacen en San Isidro.  El resto se presume que seguirá viaje para pasar el domingo por Tigre o alrededores.  Pero yo bajo en territorio sanisidrense.

   Las calles están silenciosas como los parquímetros que están sembrados por todo el centro de la ciudad. A las pocas cuadras de la estación, está una de las entradas del Club Atlético San Isidro (CASI), fundado en 1902 y símbolo deportivo de la zona, en general, y del rugby, en particular. Se ven grupitos de chicas ir y venir, el clima no parece el de un clásico CASI-SIC. Mientras  el 168, siempre vestido de rojo, azul y negro, lleva a sus pasajeros de regreso a Capital, tomo la calle Martín Fierro  y después Labaradén, que desemboca en una rotonda. Otra vuelta más, ya por la calle Juan Cruz Varela, y llego a la entrada a la cancha, en donde hay 150 metros de cola, formada por, sobre todo, chicas de entre 15 y 20 años, aunque también hay padres, madres  y algunos varones jóvenes.  Es el comienzo de la jornada que la ong Audela, que lucha porque la sociedad se concientice acerca de las necesidades y derechos de las personas con discapacidad, realiza en el CASI.

   A los pocos metros de ingresar al club, uno se topa con el “Gallito Ciego Móvil”: un container negro, en donde la ong difunde la experiencia de comer a oscuras, con platos elaborados por personas ciegas o con una disminución importante en la vista.  Más allá de ser algo semejante a lo que vive alguien que no tiene visión,  quizá lo significativo sea poner de relieve la importancia de generar puestos de trabajo para todos, porque quien tiene una discapacidad está en muchas peores condiciones para que le den una posibilidad laboral. Más de 100 personas, en su mayoría chicas, esperan su turno para ingresar al móvil.  

   ¿A qué se debe tanta presencia de nenas y no tan nenas? A que uno de los platos fuertes será un desafío de hockey sobre césped entre algunos Pumas versus jugadoras del seleccionado femenino “Las Leonas”. Por eso se ven chicas con los colores de sus clubes: se ven jugadoras de Laferrere, Olivos, Defensores de Gaboto, Liceo Naval, San Albano, Liceo Militar, Náutico Hacoaj. La simbiosis entre rugby y hockey sobre césped es muy fuerte, y el estadio del CASI representa esa combinación.
El predomino de mujeres quizá explique que en los puestos de comida y se vendan ensaladas de frutas y chocolates. Aunque hay, claro, espacio para los choripanes. Las jugadoras de hockey del CASI recorren las instalaciones para ofrecer rifas para Audela, con el premio de una remera de Las Leonas, otra de Los Pumas, ropa deportiva, pelotas de rugby y palos.

     Audela realiza charlas de sensibilización para fomentar la integración de las personas con discapacidad tanto en escuelas como en empresas. Y además, lleva adelante el “Gallito Ciego Móvil”, verdadero restorán ambulante gestionado por no videntes. Desde 2010, realiza para diciembre el desafío en hockey entre Leonas y Pumas.

   Por todas las canchas del CASI se realizan clínicas básicas para practicar destrezas en hockey y rugby, a cargo de jugadoras y jugadores de los seleccionados argentinos. Esta vez, el hockey domina: cada vez que la conductora del acto pregunta a la multitud quién quiere que gane el Desafío, la mayoría abrumadora grita: “Las Leonassss”.  También hay agradecimientos públicos para la Municipalidad de San Isidro y  los sponsors.

  Después de las clínicas, tocan Los Bonnitos, una banda del estilo de Agapornis, formada por rugbiers del CASI.  Luego dijo unas palabras la directora de Audela, Mónica Espina, lo que ayuda a que no se desdibuje el perfil solidario del evento, riesgo siempre latente cuando hay deportistas muy conocidos. 

  Acto seguido, los jugadores de fútbol para ciegos de Huracán ofrecen una exhibición de ese deporte.  Seguramente es un  domingo de gloria para ellos, tanto porque pudieron mostrar lo que saben hacer ante miles de personas como porque el club de Parque Patricios volvió a Primera “A” en el fútbol profesional.

  Antes del Desafío de hockey, Sandra Mihanovich canta el Himno Nacional, que además es interpretado en lengua de señas.  Ya en plena noche, con la iluminación artificial de CASI a pleno, y miles de personas en las tres tribunas del club, se juega el partido entre Pumas y Leonas. Para los primeros participan Belisario Agulla, Felipe y Manuel Contepomi, Juan Martín Hernández (en la foto, tomada por Federico Castro Olivera, junto a una Leona), Lucas Borges, Lucas Ponce, Martín Landajo, Matías Moroni, Santiago González Iglesias, Javier Ortega Desio, Matías Vila, Bici Querejeta (estos dos últimos, jugadores de hockey).  Por las Leonas están Belén Succi, Carla Rebecchi, Cecilia Rognoni, Rosario Luchetti, Claudia Burkart, Delfina Merino, Inés Arrondo, Jorgelina Bertoni, Agustina Albertario, Jorgelina Rimoldi, Magdalena Aicega, Noel Barrionuevo, Vanina Oneto y Silvina D'Elia. El partido termina  1 a 1, pero eso es apenas un detalle.

  Las chicas del CASI, con pasión,  corretean a todo el mundo para conseguir que les compraran rifas para Audela. Quien esto escribe, al retirarse, escucha el siguiente diálogo:

-Señor, ¿no me compra una rifa para Audela?
-Es que ya compré cinco.
-¿Y si compra seis….?,, dice, con una sonrisa.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Sarmiento y Cerati

  “Por aquí ya estuve/te largas a reír/pues con mi zoom/dame un zoom/luz, cámara y acción”. Así termina la canción “Zoom” de Soda Stéreo, cuyo video se filmó a mediados de los ’90 en el Planetario de Buenos Aires.  Y acá empieza el fútbol en Argentina, o al menos el primer partido del  que hay registros periodísticos, en junio de 1867, en lo que era el estadio del Buenos Aires Football Club, en una historia que une a ese deporte con el rugby, ya que el actual Buenos Aires Rugby & Cricket Club, “Biei”, fue la institución madre y hermana de ese primer equipo porteño de futbolistas.

   Gracias a un gran amigo y mejor persona, conocedor del mundo de los libros y jugador de Biei durante muchos años, Fernando López Llovet, supe de la existencia y pude leer “Tackle al tiempo”, de Roberto Schamun. En ese libro, el autor, socio del mismo club, recorre la larga historia de una institución pionera en tres deportes: rugby, fútbol y cricket. En este mismo terreno donde desde fines de los ’60 se levanta el Planetario Galileo Galilei, como una nave espacial olvidada por alienígenas en el medio de Palermo, rodó por primera vez una pelota de fútbol durante un partido del que hay constancia periodística. Y el rugby ya andaba metiendo la cola.

   Schamun cuenta que en las primeras décadas del siglo XIX, después de las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, algunos residentes británicos en Buenos Aires se agrupaban, más o menos informalmente, para jugar cricket, ese deporte del que los argentinos no tenemos mucha idea y que lo asemejamos al béísbol.  En 1861 le dieron encarnadura formal  a las actividades y fundaron el Buenos Aires Cricket Club.  Después de peregrinar por distintas canchas en Palermo, se asentaron en ese barrio, en lo que hoy es la esquina de Figueroa Alcorta y Sarmiento, por esa época una zona de arroyos, pajonales y palmeras.  Muy pocos años antes, esos terrenos habían pertenecido al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

    El 8 de diciembre de 1864, es decir, hace 150 años, se inauguraba oficialmente el campo de deportes del Buenos Aires con un torneo internacional de cricket.  Schamun extrajo estos datos del libro de actas 1864-1868 de ese club, que se conserva en el archivo del Buenos Aires Cricket & Rugby Club, continuador institucional de aquel. Poco después, un decreto del por entonces presidente argentino, Domingo Faustino Sarmiento, traspasaría los terrenos de Palermo al Buenos Aires y la institución lo nombraría-no era para menos-  “socio honorario”.

  Ingleses como Thomas Hogg, J. Brookes y A.Brandshaw organizaron en ese predio las primeras carreras de atletismo con reglas modernas, en Argentina, en 1866. Thomas Hogg y su hermano James crearon otro club deportivo, el Buenos Aires Athletic  Sports, con sede en la calle Florida y que usaba el campo de deportes del Buenos Aires Cricket.  El 30 de mayo de 1867, según el libro de Schamún, los hermanos Hogg organizaron en Palermo un torneo con 13 actividades diferentes, con mucho público “especialmente femenino”.  Los apellidos de los ganadores de las distintas pruebas acentúan el color inglés de los inicios del deporte organizado en Buenos Aires:  Roberts, Jacob, Cooper, Smith, Howden, Simpson, Bennet, Jackson y Perry, entre otros.

La era del fútbol

  El Buenos Aires Cricket era una especie de hermano mayor del Buenos Aires Athletic, ya que los socios de las dos entidades eran prácticamente los mismos. Siguiendo esa dinámica, el ya mencionado Thomas Hogg y otros asociados crearon un tercer club, el Buenos Aires Football Club (BAFC), con sede en la calle Temple (actual Viamonte), y que iba a utilizar el predio del Buenos Aires Cricket para sus partidos de fútbol, toda una novedad en la época.

   El primer encuentro se iba a jugar en el barrio de La Boca, pero se suspendió por mal tiempo. Y, finalmente, el 20 de junio de 1867, socios del BAFC jugaron entre sí el primer partido de fútbol del que hay registro en Argentina, ya que la crónica del mismo salió publicada al día siguiente en el diario “The Standard”. Los equipos se diferenciaron usando uno gorras rojas y otro blancas.  De acuerdo a Schamun, ganó el equipo de Thomas Hogg, el del color rojo, por 4 a 0 y ese encuentro original duró….2 horas. Víctor Raffo, un profundo conocedor de la historia del deporte en Argentina, cuenta que Thomas Hogg y Walter Heald llegaron dos horas y media antes del comienzo del encuentro, adaptaron la cancha de cricket de Palermo para el fútbol, picaron pan, queso y cerveza en el legendario Café “Hansen”, que quedaba enfrente, y esperaron a que llegara el resto de los jugadores.
La era del rugby

  Por esos años, no estaban claramente diferenciados el rugby y el fútbol, y en ocasiones se jugaba una mezcla de ambos, En la propia Inglaterra, cuna de las reglamentaciones modernas de esos dos deportes, no estaban consolidadas las diferencias. En Argentina sucedía lo mismo y en de acuerdo  a “Tackle en el tiempo”, en 1874 los socios del BAFC adoptaron definitivamente el código reglamentario del rugby cuando jugaron el primer partido bajo esas leyes en un estadio en Flores. En paralelo, el fútbol fue decayendo entre los socios de Biei y los últimos partidos de ese deporte jugado por el club llegan hasta 1881.

  Pero el Buenos Aires Football Club había iniciado otra etapa, refundado en 1866 y concentrado en el rugby, mientras también seguía con vida el Buenos Aires Cricket, el club “madre” del anterior y, de hecho, dueño de los terrenos famosos de Palermo; el 20 de junio de aquel año, en Flores, se jugó otro partido de rugby entre dos equipos del club. Y nueve días más tarde, con refuerzos del Club Ferrocarril Sud, un representativo de los palermitanos jugó en Rosario con el Athletic de esa ciudad. Durante un puñado de años, los partidos del Buenos Aires se jugaban en ese Polo Ground de Flores, que regenteaba un religioso anglicano, el Reverendo Gybson Spilbury.

  En 1891 se jugó el primer torneo porteño de rugby, y el BAFC ya lucía el color azul en la camiseta, que identifica hasta hoy a BIei. En 1893 se decide dejar el campo en Flores y seguir con el rugby en el predio-ya entonces histórico-de Palermo. A fin de 1899, a instancias del BAFC, se creó la Unión del Rugby del Río de la Plata, y Buenos Aires fue uno de los 4 clubes fundadores, junto a  Belgrano Athletic, Lomas Athletic y Atlético del Rosario. Al año siguiente, con el fin del siglo XIX, Biei salía campeón por primera vez.

  Por esos tiempos, el club alternaba entre su campo y la cancha de Talleres de Remedios de Escalada, lo que no era extraño en la época, ya que las dos entidades habían sido fundados por ingleses. En 1915, cuando la Primera Guerra Mundial ya llevaba un año, Biei comenzó a  desgranarse, al irse varios de sus jugadores de rugby a pelear del lado del ejército británico, contra la alianza formada por Alemania, Austria y Hungría. Lyle Blarr, Bladgen, Clarke, Crawford y Rogers fueron algunos de los deportistas de Biei que murieron en esa guerra. Esas pérdidas hicieron que el club durante 1918 dejara momentáneamente de jugar el torneo porteño, por escasez de jugadores. Por ese entonces, los azules de Palermo tenían 89 socios.

    Con el tiempo, Biei se pudo recomponer. Cabe aclarar que el club ganó el campeonato máximo del rugby de Buenos Aires en 1900, como queda dicho, y en 1901, 1902, 1903, 1904, 1908, 1909, 1915, 1958 y 1959. En los 40’ sucedió algo clave: un incendio destruyó casi todas las instalaciones de esa cancha en donde se había jugado el primer partido de fútbol del que hay registros en Argentina. Al ser de madera gran parte del estadio, es simple imaginar cómo las lenguas de fuego lamieron al club en pocas horas hasta dejar gran parte en cenizas. Algunos aseguraron que el incendio fue intencional, y lo atribuyen a algún sector del peronismo que gobernaba al país en ese 1948.  Nunca se pudo comprobar ese rumor. Lo cierto es que por un decreto presidencial, se le sacaron esas instalaciones a Biei. Ante el nomadismo, por fin, los dos clubes sobrevivientes, el Buenos Aires Cricket Club y el Buenos Aires Football Club se fusionaron y dieron forma al Buenos Aires Cricket & Rugby Club.

   Biei consiguió un predio en Don Torcuato, que usó muchos años; luego construyó otro en San Miguel, que llegó a alojar un estadio muy grande en donde jugaron Los Pumas en varias ocasiones. Y hace pocos años recaló en San Fernando, al lado del Virreyes Rugby Club. A nivel rugby, los azules siguen en la máxima categoría del rugby porteño, aunque no siempre cerca de la punta. Pero esa es otra historia.

  La del predio de Palermo era la principal. Y una tarde 
de primavera, con el Planetario de fondo, leo en el monolito blanco, instalado en 1934, que recuerda que allí se jugó el primer partido de fútbol en Argentina y las primeras veces de otros tantos deportes. Y fue un día como hoy, 8 de diciembre, pero hace 150 años, cuando se inauguró el predio, originalmente para jugar cricket. Ahora las estrellas del fútbol titilan en otros estadios y las otras se pueden ver en el Planetario y,cuando las nubes lo permiten, en el cielo.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Musculosas

  Una francesa, de 29 años, licenciada en Administración de Empresas y con un posgrado en Marketing. Y una sanjuanina, 28 años, periodista deportiva.  Las dos se calzan la camiseta azul, blanca y roja de DAOM para representar al club del Bajo Flores en el torneo de rugby femenino de Buenos Aires.  Pero además tienen otra relación con las remeras: las dos acaban de lanzar la primera línea de ropa de rugby para mujeres.

  “En el mercado argentino de rugby no hay este tipo de productos para la mujer. El nicho es clave para que esto funcione. Queríamos ofrecer ropa que todas puedan usar”, cuenta Aurore, que trabaja en una agencia de turismo y, en la foto, es la chica de la izquierda. Las primeras prendas que lanzaron son musculosas y ofrecen nada menos que 19 modelos diferentes, en blanco, negro, azul o rosa claro. En su Facebook Desde el Touch se pueden ver las remeras, 

 Hay modelos que tienen estampada la frase “Sí, juego al rugby”, sobre dos siluetas ovaladas que se unen y otras que en la parte delantera dice “Cuclillas, tomarse” y en la espalda “Formen”, que son las tres indicaciones que dicen los referees de rugby para que comience un scrum. “Elegimos como colores el blanco y el negro porque muchas chicas son más clásicas, y el azul y rosa porque están de moda”, agrega Aurore.

  Yamila Salinas se presenta y cuenta que: “Hace 3 años vivo en Buenos Aires. Vine a trabajar y a estudiar Comunicación social en la UADE;  en San Juan había armado equipo de rugby, me vine acá, conocí a las chicas de DAOM.y me sumé. No pude dejar más al rugby”. Ella y Aurore son habitualmente titulares en el club tricolor, cuyas sedes están muy cerca de la cancha de San Lorenzo. En el rugby femenino es frecuente que cada equipo se ponga un apodo que lo identifica casi como la entidad a la que representan. Las jugadoras de DAOM se conocen como Las Panteras.

  Aurore, que actualmente se recupera de una operación por rotura de ligamentos, informa que ya vendieron bastantes remeras, en distintos eventos. Y que tienen planes para seguir expandiendo la marca, denominada “Desde el touch” cuyo logo es una imagen de una pelota de rugby que puede leerse como un par de labios, con una guarda de flores sobre la izquierda.  Mientras explica que ya dejó las muletas y que planea regresar con todo en 2015 a su puesto de medio scrum o medio apertura en Las Panteras, esta francesa nacida en Lille, tan argentinizada que cuando habla puede pasar por una chica de Flores creada por las palabras de Alejandro Dolina, dice: “Me gusta compra ropa, aunque no soy tampoco una mina que va todos los fines de semana al shopping, pero me  gusta estrenar ropa, y usarla con la onda del momento. Uso mucha ropa clásica para trabajar o salir, pero también uso mucho ropa deportiva, más cómoda Por eso también pensé en esta línea de musculosas”
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   El rugby femenino en Argentina, si bien está mucho más rezagado que el de hombres y comenzó más tarde (en 1985n se jugó el primer partido en el país), tuvo un crecimiento enorme en los últimos años. A comienzos de la década, en Buenos Aires apenas existían 4 o 5 equipos (entre ellos Centro Naval, el último campeón, DAOM, Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó y Almafuerte), y este año jugaron el torneo 14. Un cambio cultural y también una oportunidad comercial para “Desde el Touch”.

  Yamila Salinas afirma: “Soy muy coqueta, me gusta mucho vestirme bien, estar arreglada, me gusta estar a la moda. Y me gusta usar ropa deportiva porque voy al gimnasio, pero me interesa que la ropa sea femenina, cosa que no encontraba.” Ella concuerda con Aurore en que hasta ahora las prendas relacionadas con el rugby estaban pensadas únicamente para hombres. “De ahí surge la idea de que la mujer rugbier tenga su ropa para entrenar, ir  al gimnasio, y que se sienta linda”, agrega Salinas.


  Las Panteras de DAOM deben ser el equipo más llamativo de Buenos Aires, en el rugby femenino, por su presencia permanente de jugadoras de otros países. Por sus filas han pasado francesas, una canadiense, colombianas y una chica de Estados Unidos. Con un rendimiento deportivo en ascenso, ahora dos de sus integrantes, como Aurore y Yamila, buscan vestir al rugby femenino nacional, en una historia tejida entre San Juan, Francia y el Bajo Flores.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Pasado y presente

   Siempre que las yemas de mis dedos recorren las hojas de una revista, pienso en el prodigio que genera el papel; aún hoy uno puede conseguir una publicación de hace 100 años, o un libro de mayor antigüedad. En cambio, solemos perder un archivo de Word en el Triángulo de las Bermudas de nuestra computadora, no podemos asegurarnos de ver nuevamente un noticiero de hace un año y a veces un artículo muy interesante que pescamos en Internet se diluye en la corriente del ciberespacio.  Y, cosa curiosa, desde un blog, comparto las impresiones al palpar, tocar y leer un ejemplar de Rugby Mundial, de 1991. Está en mis manos, sin usar buscadores ni pendrives ni descargas desde sitios misteriosos.  

  La moneda todavía era el austral. Poco tiempo después, llegaría el peso, en el contexto de la Convertibilidad. En la tapa de la revista de 1991 -que sigue saliendo, y que es altamente recomendable- aparece Guillermo Holmgren, jugadorazo del Olivos Rugby Club y también Puma, entrevistado por ese gran periodista que es Jorge Búsico. De Holmgren, que jugaba de medio scrum, aparte de su talento, se destacaba su miedo  a volar en avión, lo que le impidió formar parte de giras con el seleccionado nacional en más de una ocasión.  Valiente el jugador de Olivos: reconocía un temor que muchos tienen y que por el nefasto “qué dirán”, ocultan como si fuese una peste.

  En el editorial de la revista, los directores (Adolfo Echegaray, Mariano Molina Berro y Luis y Julio Gindre) anunciaban la visita inminente de los All Blacks, todo un acontecimiento en épocas en donde algo parecido a participar en el Rugby Championship era impensado para Los Pumas. Otra sección pedía: “Eduquemos a los padres y mejoraremos el rugby”, y daba cuenta de lo inoportuno de los “papás” despotricando contra los referees, y de las presiones sobre los chicos que sean “ganadores” a toda costa. “No quiera fabricar un campeón”, decía la nota. ¿Le habrán  hecho caso? Hoy los chicos de 1991 ya están al borde del retiroy más de uno será padre….

  Otra sección dedicada a aconsejar, enfatizaba los cuidados del corazón para los rugbiers. El artículo, firmado por el ex referee y cardiólogo Félix Luzuriaga, resaltaba la importancia de hacerse los controles médicos necesarios antes de cada campeonato. Para ser justos, hoy se piden muchísimos más estudios que en esa época. Y en buena hora.

  El poster color traía una foto de Rolando “Yanqui” Martin, titán del SIC y en la nota balance de la mitad del campeonato, Alejandro Coccia analizaba el rendimiento de Alumni, uno de los punteros del campeonato de Buenos Aires. También había una entrevista a Normando Ferrari, una de las figuras del equipo de Tortuguitas de aquellos años, y otro reportaje a Hernán García Simón, tres cuartos destacado de Pueyrredón, ambos textos firmados por Búsico. Otro entrevistado era José Javier “Tito” Fernández, surgido de Deportiva Francesa, Puma en su momento,  entrenador y padre de Santiago.
  El informe sobre la inminente gira de los All Blacks (que le ganarían los dos partidos a Los Pumas) incluía el fixture de los neocelandeses por el país: además de enfrentar al seleccionado argentino, los “hombres de negro” se iban a enfrentar a Rosario, Córdoba, Tucumán, Buenos Aires, Mendoza, Pumas “B” y Mar del Plata, rivales hoy impensados para esa selección. Faltaban muy pocos años para que el rugby internacional tomara las características comerciales y de hiperexigencia atlética que tiene en la actualidad. ¿Alguien se imagina hoy un Mar del Plata-All Blacks?

  El panorama internacional de la revista se nutría de algunos datos del Mundial que iba a realizar en Inglaterra, Gales, Escoca, Irlanda y Francia. Un informe de una consultora decía que el favorito para ganar la Copa era Nueva Zelanda, seguida de Inglaterra. Sin embargo, sería Australia quien obtendría el certamen, en el que Los Pumas no pasaron de la ronda inicial.

  Rugby Mundial también nos informaba que Lomas cumplía 100 años-ya van por los 125-y comentaba que el club del sur del Gran Buenos Aires tenía a su primera división participando de la tercera categoría, llamada “Ascenso”.

  En la sección dedicada al rugby juvenil, un hasta entonces poco conocido “Bebe” Contepomi, que no había cruzado hacia el terreno del rock, describía la actualidad de las distintas categorías. Como rarezas, en M-17 Banco Nación “A” había goleado a La Plata “B” 172 a 0, y La Plata “A” a San Carlos, por 194 a 0. Por último, una entrevista, hecha por Contepomi, al dirigente del SIC Carlos Barceló, sobre rugby infantil, dejaba estas frases el reporteado:

“Yo siempre les digo a los chicos que no se avergüencen si tienen miedo de tacklear. A veces escuchamos a los padres que se desesperan por ver tacklear a sus hijos. Y los chicos tienen temor, y es un temor fundado y razonable. Para tacklear sin lastimarse, primero hay que saber tacklear”. 


   Cuando las yemas de mis dedos recorren las páginas de revistas viejas, siempre alguna idea interesante renace y comienza a rebotar en la mente.  Es hora de cerrar esa edición de julio de 1991 de Rugby Mundial, y pensar, pensar….

jueves, 7 de agosto de 2014

Crayones



  “Había una vez”…, .como siempre comenzaban los cuentos para chicos, al menos los clásicos. Y sí, “había una vez”, un pibito de 8, 9 años, que todavía no jugaba el rugby, pero al que su papá lo llevaba a ver partidos de ese deporte, del que no entendía casi ninguna regla, salvo que la pelota no se podía pasar adelante con la mano y que no se podía caer hacia el ingoal contrario. Y que un “try”, era algo muy importante, casi como un gol en el fútbol, pero no tanto porque sucedía más seguido.  El chico no siempre se divertía con el partido de rugby. A veces, cuando empezaba el segundo tiempo, se quedaba a 20 o 30 metros del padre, caminando, observando, viendo un mundo nuevo.  Olía el aroma mentolado del líquido que se frotaban los jugadores, que quedaba presente en el aire un buen rato; el barro por todas partes, el olor del pasto fresco,  pisado por los botines de los rugbiers, las zapatillas de chicos como él y los zapatos de los grandes; las nubes de vapor que salían de las bocas de los espectadores, mientras metían las manos cada vez más adentro de los bolsillos de las camperas. Camperas inflables, que estaban de moda, o de jean, que algún distraído había llevado, porque también se usaban, aunque el frío perforaba esa tela con facilidad. 

 Después de un rato volvía a colocarse al lado del alambrado, en el hueco que lograba hacerle su papá, entre tantos señores que parecían tan altos. Una vez lograda esa posición, trataba de descifrar qué pasaba en el campo que juego, que en más de una ocasión parecía una pileta de barro, agua e islotes de césped. Seguía sin entender muchas cosas. Los grandes hablaban de “montoneras”, un término que fue quedando en el olvido; al referee no le hablaba absolutamente nadie, salvo el capitán; los jueces de touch podían ser empleados del club local, allegados del visitante, algún padre, que agitaba como banderín un pulóver, un trapo, lo que fuera. 

    Algún chico como él, con la camiseta del local, comía un chocolate Aero; otro amigo, cerca, masticaba un chicle Bubaloo; algún otro, más cerca del banco de suplentes de los visitantes, tomaba una TAB. También veía a los adultos con café en vasitos de plástico, tomándolo apurados, ansiosos por calentar el cuerpo. Pero el café no le llamaba la atención, no era una bebida que entrara en el universo de los chicos.

  El partido avanzaba hasta el final, sin que él siguiese entendiendo que ese deporte, apasionante, parecía por momentos una combinación de lucha con fútbol americano. Pero había algo épico en ese juego:  en algunas situaciones, cuando un equipo estaba a punto de convertir un try con sus forwards, todo parecía una batalla medieval, cuerpo a cuerpo, con actos de heroísmo colectivo, que terminaban con la toma del castillo, que en el campo se traducía al apoyar la pelota ovalada, generalmente Mitre, en el ingoal. Y ahí la gente saltaba, se abrazaba, se derramaba el café de los vasitos de plástico, el chocolate Aero saltaba por el aire.

  Terminaba el partido, los jugadores se saludaban, tapizados de barro y sudor. Y los espectadores, después de algunas palabras con sus amigos, corrían despavoridos a abrigarse en sus autos, sus casas o en el bar del club, con gin tonic, cerveza o lo que fuere.  Y el chico del comienzo de la historia volvía a su casa con su papá, y se quedaba repasando las imágenes, aromas, sonidos y sabores que había detectado esa tarde, y tantas otras, durante los sábados. Y cuando el día se iba tornando de color azul, anticipando la noche, ya en el living de su casa, en una mesa, con los crayones Jovi de colores que le había regalado su mamá, y una hoja Camson N° 5, de las que usaba para Actividades Plásticas, en la escuela primaria, comenzó a recordar todas las camisetas que había visto en esos últimos meses. Y las que sabía por referencias de su papá, de algún amiguito, o porque había leído el dato en alguna Test Match. Y así, de las yemas de sus dedos y de las puntas de los crayones fue dibujando y pintando cómo eran las camisetas que él conocía (o creía conocer) de  clubes de rugby de Buenos Aires.  Sabía que había muchos, pero él había memorizado las camisetas de un puñado. No se desanimó y coloreó la tarde con esos crayones, sobre la hoja blanca, que fue volviéndose también verde, amarilla, celeste, roja, negra, naranja, celeste.  Incluyó un club que ya se había desafiliado, el Old Georgian’s  (ahora reaparecido), y ese fue fácil de ilustrar. Dejó el espacio en blanco, entre los dibujos de las remeras de CASI y de Olivos (en la imagen que está al comienzo del texto, las tres últimas ilustraciones de la tercera fila). A San Andrés lo hizo verde con una franja diagonal blanca, porque creyó que el club de rugby de ese nombre era el mismo que jugaba la Liga Nacional de Básquet, que en realidad se llamaba Deportivo San Andrés y no tenía nada que ver con el de los escoceses. 

   Quién sabe por qué error, a San Luis li pintó todo de azul, sin rojo. Y la camiseta correcta del club platense se la atribuyó a Deportiva Francesa.  También aparecía la de Banco Hipotecario, porque el novio de su prima, Gustavo (hoy exitosísimo preparador físico), jugaba ahí y le había contado cómo eran los colores. Y la de Lasalle, porque se la había visto puesta a un nene vecino del barrio y le había preguntado de qué club era. Obviamente, figuraban también las remeras del SIC, Alumni, Belgrano, CUBA, Pucará, Los Matreros, La Plata y varios más.

  Ese sábado siguió su recorrido; un par de horas después cenaron pizza, hecha por su mamá, como era costumbre, y disfrutaron de la comida él, sus padres y su hermana mayor. Terminada la cena, guardó la hoja Camson N°5 con su mundo de camisetas, colores y nombres, entre sus papeles y juegos. Y pese a que era desordenado, la hoja sobrevivió años, mudanzas, pérdidas, accidentes, muertes. Y hoy la rescata para compartirla en el indefinido espacio virtual.
    
  Especialmente, el mensaje de ese chico, es con cariño para todos los pibes que juegan al rugby en cualquier rincón del planeta, como Lautaro, Joaquín y Tomás, algunos de los cracks de Rugby Inclusivo; pero también para los que, ya adultos, lo jugaron de pequeños; y además para los que nunca jugaron, pero lo disfrutaron desde el otro lado del alambrado o en la televisión. Y, por qué no, para el chico que cada uno lleva adentro, pese a las hipocresías sociales. Porque, como dijo el poeta alemán Rainer María Rilke: “La verdadera patria de las personas es la infancia”. Así que este domingo…¡Feliz Día del Niño!

martes, 22 de julio de 2014

Nosotros y los miedos







“Me pregunto quién cuidará mis caballos /cuando caiga la antena/me pregunto quién cuidará mis caballos/cuando cruces mi frontera”. Se escucha Phonalex por la radio con “Quién cuidará mis caballos”, y en esta mañana llamativamente soleada y tibia de invierno, cruza un camión plateado que lleva animales al hipódromo.  Siguen cuadras con árboles de todo tipo: casuarinas, jacarandás, tilos, fresnos, plátanos.  Esta zona debe de ser la de más árboles por metro cuadrado del Gran Buenos Aires.  El sol riega las parcelas de césped de las veredas,  un hombre descarga un bolso con palos de golf de un auto bordó, tres chicos con equipo de gimnasia azul y blanco almuerzan en un banco de piedra de una esquina.

  A lo lejos crepitan los sonidos de los autos que vuelan por Panamericana. Cerca, una pared tapizada de enredaderas verdes, distraídas del invierno por el calor sorpresivo. A un costado, una puerta. Timbre, y pocos segundos después, se abre la puerta y una mujer rubia, vestida con ropas claras, que hacen juego con la luz del día, invita a ingresar a su casa. Un perro macizo, que parece tallado en madera, merodea por el jardín.  Ya bajo techo, el ambiente tiene más sombra. Unos pocos pasos, otra puerta que se abre y se cierra, un estudio. Y, sentada al lado de un escritorio, en un ambiente muy ordenado, con hebras de sol que se filtran por las cortinas blancas a sus espaldas, la anfitriona, la psicóloga Julia Álvarez Iguña, quien aparece en la foto al comiezo de este escrito,, especializada en deporte de alto rendimiento y en particular en rugby, se dispone a conversar. Michel Foucault decía que ir al psicólogo tiene algo de semejante con la confesión ante un sacerdote; la intimidad, las cosas que se dicen porque ya no se pueden ocultar más, las confidencias….Álvarez Iguña ha recibido y recibe a jugadores de rugby, entrenadores, preparadores físicos, en este mismo espacio, que debe tener impreso las huellas dejadas por cada secreto que se revela…


-¿Cómo se acerca al mundo del rugby?


- Empecé primero a atender a golfistas; trabajé con más de 15 profesionales y también aficionados. Y después empecé a escribir en una revista de golf y en una de polo. Entonces se empezó a acercar gente del polo, y como iba a Hindú, a través de estos artículos conocí a Rodrigo Quesada; le conté a lo que me dedicaba, me dijo que era interesante.  Y me invitó a escribir artículos en www.rugbytime.com hace 5 años. Y empezaron ahí a acercarse muchas personas del rugby.


-¿Encontró algún cambio respecto de quienes juegan polo o golf?


-Bueno, en el polo y en el golf hay mucho narcisismo. En esos deportes, cuando llegan a un nivel se creen que las saben todas. Hay que ser muy humildes para poder trabajar con el “yo”. En los deportes individuales es muy fuerte mirada del otro, el valor social que tienen esos deportes, cómo me miran los demás… en el deporte grupal se pierde más el tema de los egos. No tiene que existir el ego en un equipo, en cambio sí tiene que existir un “yo” cohesionado, que haga que todos tiren para el mismo lado. Hay, es cierto, un narcisismo reinante en la sociedad, esto de “Yo valgo de acuerdo a como el otro me mira y no como yo me juzgo”.


-¿Miedo a qué le confiesan los jugadores, cuando vienen a su consultorio?


-Miedo al error. En chicos se ve poca tolerancia el error y a la frustración. Esto tiene que ver con poca capacidad de esperar. No te podés perdonar un error, no podés tolerar una falta. Muchos jugadores se quedan “pegados” mentalmente en esa falta, en ese error, cuando en realidad ya pasó, hay que seguir adelante. “Hago una jugada mala, por lo tanto, soy malo”…no, esto no es así. Es un (enfatiza) jugador que hace jugadas buenas o malas. Se suele arrastrar el “soy malo, soy malo, soy malo” y empiezan a pensar  “qué va a decir el entrenador, me va a sacar”. Se hace un espiral. Se juega como piensa. Hay que trabajar con visualizaciones Como la técnica de Johnny Wilkinson, que no pensaba en pegarle a los palos. Se imaginaba que estaba parado frente a los palos, y que detrás, en el medio, había una chica llamada Doris, con unas papas fritas en una mano y un vaso de Coca en la otra, y él pensaba que con la pelota tenía que acertarle a una cosa u a otra. Eso es algo neutro, porque nunca hay que pensar palabras relacionadas a un resultado. Resultado es evaluación, y evaluación únicamente  bueno o malo.


-¿Hay jugadores que le plantean su miedo a lesionarse?


-No, el miedo a lesionarse en general se produce una vez que te lesionaste. Porque está esta idea de “si me lesiono no pertenezco más al grupo”.  Se ven una cantidad de lesionados antes del Mundial de fútbol o antes de que comience el torneo de la URBA porque muchos van más allá de sus límites, con este de querer seguir jugando u jugando aunque el cuerpo te vaya dando otros mensajes.


-¿Ninguno le plantea miedos a tener lesiones de columna?


-No. Lo tienen oculto, “a mí nunca me va a pasar”, dicen o piensan. Es más un miedo de los padres de los chicos. Son negadores con eso.  Deberían saber que cuando el referee aplica una ley, te está cuidando. Me sorprende de chicos que entrenan días y días muy duro, y  luego se revientan con el alcohol. ¿Cómo es que se cuidan así?


-¿Nota esa situación de abuso de alcohol?


- Lo vi, lo palpé trabajando con chicos. Les dicen: “No tomen, no tomen”, pero en un tercer tiempo hay padres o dirigentes borrachos. Las leyes cuesta imponerlas, pero hay que hacerlo, hay que poner en práctica eso. Que empiecen por no tomar tanto los adultos. O como esos adultos que dicen: “Mi hijo se pasa todo el día comprando cosas”, y ese padre hace lo mismo. O los que dicen a su hijo: “Vos nunca te tomás un colectivo”…¿y cuándo un padre se tomó un colectivo con el chico?


-Un tema del que se habla muy poco es de los “bautismos” a los jugadores que llegan a Primera. En algunos clubes, a veces, suelen ser muy crueles…


¬- Es como una iniciación. Sí, algunos “bautismos” son muy salvajes y, los chicos lo toleran por la necesidad de pertenencia. Si no lo aceptás, quedás afuera.  Eso está relacionado con el machismo. Evidentemente, la persona que pone en juego un “bautismo” muy cruel, lo ha sentido en forma pasiva. Está esta idea de “si yo lo viví, que lo viva el otro”. Hay algo de sometimiento. ¿Cuál es el objeto de esas agresiones? Descargar la agresividad que uno siente. Es parte del machismo tonto.


-Volviendo a un tema anterior, ¿cómo se trabaja, psicológicamente, con un jugador lesionado?


- Hay que quitarle el miedo a la lesión y a que tenga otra, trabajando con un equipo interdisciplinario. Y tiene que tener confianza en el médico. Hay que tener un lugar de confianza básica al que recurrir. Si el jugador siente que le hablan como diciéndole: “Sos una rodilla, sos una cadera”, no va. El jugador es una persona con angustia  y con miedos, y a veces por falso machismo no preguntan sus dudas. Hay que poder confiar en el entrenador, en el médico y en el psicólogo.


-Cuando atiende a entrenadores, ¿qué rasgos negativos suele encontrar?


-La falta de comunicación. Por ejemplo, entrenar la parte técnica, de la misma manera, y, sin que la hayan aprendido del todo, pasar a otro ejercicio. Entonces, si sale mal algo, insultan al jugador. No es así, las cosas hay que explicarlas. Explicar, practicar, entender, y recién después agregar cosas. A veces está esta idea de algún entrenador de “Ah, porque yo soy Puma”. ¿Y? Hay que explicar las cosas, o en Juveniles, explicar por qué sacás a un chico o a otro…por la causa que sea: “Porque tenés que practicar más”, “Porque no viniste a entrenar”, o lo que fuere.  Si un chico no está bien de autoestima se destruye. Necesita el “ya te va a salir”, no que lo insulten. Estamos formando chicos, no ejércitos. El chico en ese caso va a sufrir, no a divertirse. Con amenazas del entrenador nadie se divierte.


-Dejando de lado otros factores (distancia, problemas de horarios), ¿qué elementos pesan, psicológicamente, para que un chico deje de jugar rugby?


- En esos casos el abandono puede ser por falta de presencia de los padres o por excesiva presencia de los padres, porque si el padre está obsesivamente encima del chico, también influye para mal, y el chico juega por el deseo del padre, no por el de él. Luego puede estar la poca comunicación con el entrenador. O el “bullying” (maltrato, en castellano, o, como se decía antes, “tomar de punto a alguien”, con violencia verbal y/o física).


-¿"Bullying" en el rugby?


-Claro, a veces lo ves. Los chicos lo sufren cuando en un  club hay  maltrato, porque, por ejemplo, jugás en Primera y creés que dominás todo. O los insultos. En mis consultas me dicen que lo que no soportan es el insulto, dentro de la cancha o fuera. Un jugador me decía que no soportaba que el capitán lo insultara dentro de la cancha, le hacía mal. O la exclusión del grupo. En un club, porque un chico era "negrito" no jugaba, no le daban bola, el entrenador ni lo miraba. Tenía buena posición económica, pero era de tez mate…


-Eso es un antivalor...


-¿Dónde están los valores en esos casos? Los valores se demuestran en actitudes. ¿Cómo enseño valores?  Ayudando al que necesita. O preguntándole al otro si se siente mal, o qué le pasa. No medirlo por lo que tiene. Ser un buen jugador es también ser una buena persona.


-Hablemos de los valores…


-Estuve en un congreso en Mar del Plata en donde se abordó centralmente el rugby como herramienta de inclusión social para personas privadas de su libertad. Es increíble cómo el rugby puede fomentar el escuchar, saber que hay otro al lado, saber esperar tu turno, saber cumplir con normas. Eso, al menos a mí, no me lo mostró ningún otro deporte. O proyectos como el Virreyes, que hacen una tarea increíble. Pero son normas que imparten valores que se están perdiendo en la familia y en la sociedad.  Hay que trabajar en el compartir, en tener confianza en un compañero. Y en respetar el referee. El referee se banca todo solo, sin hinchada. ¿Por qué no respetamos al que tiene que imponer la Ley? Y hay que privilegiar el ser sobre el tener, y trabajar para no inflar el ego.



  El sol siguió con su camino esta hora y media y los rayos que entran por la ventana tienen otra angulación. Es hora de saludarse y de partir, de caminar por el jardín y ver al perro casi de madera que mira curioso. La puerta que se abre y, como al principio, se cierra enseguida. En pocas horas, quizá, ingrese algún jugador de Grupo I, o II, o un entrenador, a derramar sobre el escritorio de madera sus angustias y miedos, esos para los que las épocas que corren no suelen ofrecer tiempo ni atención. Por eso, con seguridad, esta casa con su frente engalanado con enredaderas seguirá
registrando el eco de muchas confesiones.  
registrando el eco de muchas confesiones.