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miércoles, 25 de febrero de 2015

Welcome to San Telmo reggae

  “Si digo que te levantes /es porque creo y siento en tu reacción/Y es que sentado en ese lugar no te puede ver nadie”, dice Nonpalidece en “Tu presencia”, canción que puede inspirar a Xoana Sosa a seguir adelante cuando un tackle la lleva al césped. “Nonpa” es una de las bandas favoritas de esta jugadora de rugby de Sociedad Italiana de Tiro al Segno (SITAS), club ubicado en El Palomar, que trabaja de empleada administrativa en el Ministerio de Economía de la Nación y que estudió unos años Ciencias de la Comunicación en la UBA.

  “Dejé Comunicación porque se me complicaba para entrenar. Pero me encantaba la onda de la facultad, hice todo el CBC en Puán, también un ambiente muy bohemio y de mucha militancia, yo estaba fascinada. Cuando estudiaba Ciencias de la Comunicación en la sede de Parque Centenario también disfrutaba mucho; me gustaban los talleres de Expresión, cursé y aprobé los tres niveles. Y Semiótica me encantaba, nunca volvés a ser el mismo una vez que la estudiás”(risas), cuenta Xoana, capitana de SITAS y jugadora por muchos años del seleccionado argentino de rugby para mujeres.  Ella tiene 27 años, vive en San Telmo y viaja tres veces por semana a El Palomar, para entrenarse junto a sus compañeras.

  “Quiero volver a estudiar en la UBA, pero no sé si Comunicación; capaz me meto en Antropología, Sociología o Trabajo Social, no lo definí”, reflexiona. Cuando cursaba en la Facultad, no solía ser frecuente hablar con otros compañeros de deporte. “No había muchas chicas que hicieran deporte; capaz algunas hacían hockey, con ellas hablabas de que por los entrenamientos no podés reunirte a estudiar, o de alguna lesión. Igual, me encantaba lo heterogéneo del ambiente, todo el mundo tenía la mejor, no podría haber estado en un lugar donde todo era deporte y nada más”, añade.  También algunos les señalaban, desde el prejuicio, que el rugby era elitista. “Estaba en algunos eso, pero en mi casi y en muchos otros, sobre todo en rugby jugado por mujeres, nada que ver. Yo todos los gastos me los pago, no tengo a nadie que me banque. Yo soy una laburante”.

  Claro que las diferencias socioeconómicas que existen por fuera del deporte, repercuten dentro de él.  “Y, a un chico de Alumni ya desde los 3 les dan una pelota de rugby, a los 18 ya tiene todas unas destrezas que una chica no. A lo mejor ese chico estudiará en la UCA, los padres le exigirán que estudie pero no necesariamente que trabaje, ahí hay otro poder adquisitivo. Ese chico tendrá acceso más rápido a un auto, y todas esas cosas”, dice.

  La familia de Xoana no tenía nada que ver con el rugby. Ya de chica, cuando tenía 11 años, les había pedido a sus padres que la llevaran a jugar ese deporte a algún club. Ellos se negaron y esperó a ser mayor de edad para empezar a practicarlo. Primero recaló en Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI), uno de los clubes pioneros en el rugby para mujeres, y al tiempo, junto a otras jugadoras, buscó otros rumbos y se fue a SITAS, club de la colectividad italiana que tiene muchos otros deportes. En la foto, ella aparece con la remera de esa institución.
 “Sitas nos abrió las puertas desde un primer momento, nos brindaron todo. Ellos querían tener rugby para mujeres y nosotras ya éramos un grupo. Y siempre nos sentimos muy cómodas en el club. Ni bien hablamos con la Subcomisión de Rugby, nos pusieron un entrenador. Y con los chicos de las categorías juveniles y con los del plantel superior está todo bien”, destaca. Inclusive la parte física de los entrenamientos semanales la realizan junto con los jugadores de divisiones inferiores. “Los chicos entrenan con nosotros, entonces ya van viendo como algo natural ver a una mujer tacklear, o dar un buen pase. El machismo es algo cultural”, agrega.
  Xoana, una de las mejores jugadoras del torneo de rugby de Buenos Aires, asegura que en Argentina “hay mucho machismo y el ambiente del rugby es todavía más machista. De los clubes de Primera solamente La Plata tiene rugby para mujeres. En SITAS, los chicos de juveniles ya tienen incorporados vernos entrenar y jugar, ya ven de otra manera el rol de la mujer”.  El club donde juega Xoana es uno de los más sólidos del campeonato, y el año pasado terminó tercero, detrás del campeón Centro Naval y de La Plata.  “Veníamos siendo pocas chicas, 8 o 9, hasta llegamos a jugar partidos con 6, pero ahora somos entre 15 y 18 entrenando, un muy buen número”, agrega, con miras al comienzo del campeonato de Buenos Aires, previsto para el 12 de abril. Cabe aclarar que el torneo se juega en versión seven, no con quince jugadores como en el rugby de hombres.

  Sosa fue convocada para la selección argentina entre 2008 y 2014, y jugó torneos en Estados Unidos, Chile y Uruguay, entre otros lados, defendiendo los colores de Argentina.  “Con las uruguayas y con las chilenas, especialmente, salen partidos muy aguerridos, duros, pero después del partido, en el tercer tiempo, está todo bien”, cuenta. A nivel de América del Sur, el seleccionado argentino está detrás del brasileño.

  “Hay cosas culturales. En Argentina a las chicas nos educan para ser pasivas, y a los nenes para que sean más activos. O mismo en el gimnasio, cuando voy a entrenar y le pido la mancuerna de 10 kilos a un chico, se me queda mirando como diciendo: ‘¿Para qué la querés’”, explica. También sorprende a sus vecinos de San Telmo con los cambios de look, que alternan entre ropa muy deportiva para ir a entrenar  y pollera con tacos altos, con pocas horas de diferencia.

  Sus compañeras en SITAS tiene ocupaciones diferentes: hay dos profesoras de Educación Física, una chica que trabaja en una heladería, otra que está en la Marina, otra cuida personas mayores y así. Dice no temer a los golpes propios del juego. “Yo si me tacklean fuerte sigo; si algo me dolió, que no se note. En todos los partidos siento mucha adrenalina, me pongo nerviosa de querer jugar, nunca sentí miedo ante la posibilidad de un golpe o una lesión. A veces hay mitos; hay chicas que tacklean un montón, y hombres que no lo hacen. He visto la garra que le ponen las chicas de Ezeiza Rugby o de Atlético San Andrés, ¿qué sabemos si los hombres de esos equipos tacklean  más que ellas?”.


   “A veces me preguntan qué piensa mi novio de que juego al rugby. Por suerte vos no me preguntaste eso (risas). ¿Me preguntarían qué piensa mi novio que trabaje de empleada administrativa? Así que no me importa qué piense mi novio, ya me conoció jugando”, remarca.  Tiene hechos tres dreadlocks en su pelo, aparte de Nonpalidece escucha a los portorriqueños de Cultura Profética y por estos días vuelve fundida de la pretemporada exigente con su equipo. Xoana concluye: “La pretemporada genera amor/odio, a veces estás contenta por haberla resistido y a veces pienso por qué llego a medianoche a mi casa, cansada y muerta de hambre. Como todas las pasiones, somos esclavas de ellas.” 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Conquistadoras



Pasada la espuma del Rugby Championship, las que tomaron la gloria fueron Las Vikingas de Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI). Por primera vez en su historia, que comenzó hace casi 28 años, salieron campeonas de la categoría superior del torneo de rugby femenino de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA).  Con un plantel de jugadoras que combina diferentes edades, experiencias y hasta localidades (no todas viven en Ituzaingó), las continuadoras de aquel equipo que en 1985 jugó con Alumni los primeros partidos de rugby entre mujeres en el país, ganaron el torneo mayor de  Buenos Aires el domingo pasado, luego de la última jornada realizada en Lanús, mientras que el local obtuvo la Zona Formativa y Tiro Federal de Baradero la Zona Desarrollo.  Un martes a la noche, Mónica Mottura, una de las jugadoras de esos encuentros ya históricos, que sigue como titular en el plantel de Las Vikingas, cuenta sus sensaciones después de un nuevo entrenamiento de las campeonas, que se preparan para viajar a Tucumán este fin de semana a jugar el Nacional de Clubes (al que irán junto con La Plata, subcampeón, de gran campaña, y Centro Naval, tercero, que había ganado los campeonatos de 2011 Y 2012).

R-Hoy…¿cómo fue el entrenamiento después de quedarse con el título?

MM: Fue como cualquier otro entrenamiento, estábamos contentas, claro, pero Pato (Nota del Redactor: Patricia Fusco, jugadora de GEI, convocada a la selección nacional y una de las mejores jugadoras del plantel), nos decía: “Vamos, eh, que tenemos que ir a Tucumán, hay que seguir.” Nos toca jugar con Cardenales de Tucumán, que es un equipo muy duro, no podemos relajarnos. Nuestro estado de ánimo es de alegría, tranquilidad en sí no, quedan un montón de cosas por resolver….por ejemplo, conseguir sponsors, contactarnos con la Municipalidad de Ituzaingó que en su momento nos dieron su apoyo….

R-¿Sucedieron cosas especiales a partir del campeonato?
 

MM: Lo primero que pasó hoy fue que “Pichi” Ruffo,  nuestro entrenador en 1985, no se había enterado del campeonato. Así que se enteró. Y hoy también nos vinieron a saludar el “Chapa” Branca (nota del r: entrenador del plantel superior de GEI de varones), y un dirigente del club. Y pudimos cantar “dale campeón” en nuestra cancha.

R ¿Por qué salieron campeones Las Vikingas?

MM ¿Sabés lo que siento? Que hubo justicia divina. Nosotras siempre hemos estado entrenando, pero antes nos faltaba unión en el grupo, unión del corazón. En este equipo ahora hay amor, cada una se esfuerza mucho. Eso fue muy emocionante. Hemos aprendido a jugar mejor, hemos aprendido a jugar más en equipo, no se destacan tanto las individualidades.. Esto es justicia divina porque desde que empezamos en GEI nos bancamos siempre con la gente nuestra, siempre jugamos con la gente nuestra. Esos son nuestros principios.

R ¿Cómo fue la rutina de entrenamientos? ¿Y el tema de las lesiones?

MM-Este año no tuvimos problemas graves en cuanto a lesiones, porque se está entrenando más duro. Tuvimos lesiones leves. Entrenamos martes y viernes, las que podían completaban con gimnasio.

R-¿Y a nivel técnico, qué cambios creen haber logrado?

MM-Siempre nosotras tuvimos forwards poderosas, pero esta vez las forwards no fuimos tanto al choque, abrimos más la pelota y la línea se encargaba de jugarla. Mejoró también el pase de manos, la manera de ruckear, y el  hacer lo más dinámico posible el juego. Nosotras estábamos convencidas que lo podíamos lograr. Esto baja mucho también de parte de César Padilla, el entrenador y preparador físico, alguien que nos cambió la cabeza.  Nos metió que  podíamos lograr el campeonato.

R- ¿Hubo algún momento del año, donde interiormente pensaste: “Sí, podemos ser campeonas”, ya con más certeza?

MM-Bueno, por un lado, en el verano ganamos el Seven de Varese, que es un torneo muy importante, que nunca habíamos  ganado. Por otro lado, como te decía,  César nos cambió la cabeza.  Nos habla, nos da serenidad, no dice una mala palabra ni levanta el tono de voz. Hay armonía en el equipo. Y por otra parte, Gabriela (Sánchez, otra de las pioneras del ’85, que también juega y a un muy buen nivel), decía: “Nadie nos tiene en cuenta, eso está bueno, porque nosotras estamos trabajando para salir campeonas”.  Hubo amor de todos, como una comunión. Cada una hizo lo suyo en pos del objetivo. Hasta Ely González (otra de las figuras de las Vikingas), dejó uno de sus trabajos para poder estar con nosotras. Hubo mucho amor a la camiseta.

R-¿Qué esperan para 2014, tanto para Las Vikingas como para el rugby femenino en general?

MM- A nivel general, queremos que las reglas estén claras desde el principio. No que se cambien a cada rato. Queremos reglas inamovibles, establecidas a principios de año.  Y para GEI, bueno, hay que defender el título de campeonas. Y siempre del campeón se espera mucho más….

*En la foto,  Las Vikingas tras una jornada realizada en SITAS.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

November rain

…es una canción de Gun’s N’ Roses, famosa en los ’90, en cuyo video Axl Rose, con vincha roja y lentes, tocaba el piano, además de cantar y actuar de novio que esperaba en el altar a su prometida. Noviembre en el hemisferio norte es un mes otoñal y para titular una balada romántica y melancólica, colocarle la palabra “lluvia” a la canción venía de maravillas. También en noviembre, más precisamente el domingo 24, pero de 1985, llovió en Buenos Aires, justo cuando se jugaba por primera vez un partido de rugby femenino en Argentina, entre Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI) y Alumni, 110 años después del primer encuentro entre varones en nuestro país.

  En aquel encuentro, las jugadoras de GEI, que jugaron con remeras y pantalones largos, ganaron 14 a 4 a las chicas de Tortuguitas, bajo el agua de la primavera bonaerense. Entre las ganadoras, se destacaron Gabriela Sánchez y Mónica Mottura, que salió de capitana y jugó de octavo. Y que una noche de lluvia, después de un entrenamiento en GEI, cuenta a quien esto escribe: “El tema era que en Alumni había empezado a entrenar un equipo de rugby femenino. Un papá de unas chicas y hombre del club vio esto, y como tenía 4 hijas mujeres en un colegio de monjas al que íbamos, nos planteó: ‘¿Se animan a hacer un equipo de rugby?’. Y ahí empezamos a entrenar. Hicimos dos partido con Alumni y dos con un equipo de Concepción del Uruguay, allá, Los partidos con Alumni fueron en GEI porque los varones de Alumni no querían que se jugara allá”.
  
  No era para menos. Si aún hoy, más de uno boicotea que las mujeres que quieran puedan practicar rugby, es de imaginarse la revolución que habrá sido hade 27 años. De hecho, La Nación cubrió ese partido y decía el periodista: “La originalidad del match congregó a un numeroso público, en su mayoría masculino, que, con una sonrisa entre burlona y desconcertada esperó el comienzo del show”. Para la época, era un “show”, no un deporte…
  
   “Había gente arriba de los techos, había como 300 personas, apareció un montón de gente. El partido salió en los diarios, vinieron de Realidad 85, ustedes chicas no lo conocieron a ese programa”, dice Mottura, mirando a sus compañeras actuales, cuya mayoría no había nacido cuando ella y Sánchez jugaban el partido fundacional. Estamos en el buffet de GEI, la lluvia cae de a ratos rebotando en los techos de chapa y en las ventanas, y un paquete de galletitas de queso circula entre las jugadoras para reponer energías después del entrenamiento.

  “Seguimos saliendo en diarios y revistas. Pero el equipo se disolvió. No había otros equipos para jugar. No había apoyo en los clubes”, recuerda Mottura. “Y eso que nos querían llevar a jugar a Italia, a mí y a Gaby (Sánchez). Jugábamos muy bien, Gaby mucho mejor que yo.” Pero el rugby femenino en GEI quedó congelado.

   Muchos años después, estudiantes del Instituto Nacional de Educación Física (INEF), como resultado de unos talleres de rugby, formaron el segundo equipo, Ñandú. Y, justamente, en noviembre, jugaron su primer partido trascendental, como previa de un amistoso Los Pumas-Australia, en la cancha de Ferro. Así de a poco fue creciendo Ñandú, que se radicó en el Club Municipalidad de Vicente López, por esos años.

  “Ahí ‘Tina’ (Cristina Zufiría, otra jugadora del plantel) ve que están entrenando las de Ñandu, y a ella le habían quedado las ganas de seguir jugando, porque había jugado un partido con nosotras. Así que empezó a contactarse con algunas chicas de esa época. Y yo leí en Clarín Zonal que estaban entrenando y me sumé en 2002”, dice Mottura.

  Hoy GEI juega el campeonato de rugby femenino de la URBA, con aceptables resultados. En el certamen que finalizó recientemente, salieron terceras, detrás de Centro Naval, campeón por segundo año consecutivo  y SITAS. Cabe aclarar que las chicas que crearon Ñandú y jugaron para Vilo, hace ya varios años que se mudaron a Centro Naval y hace pocas semanas terminaron terceras en el Torneo Nacional de Clubes que se realizó en Tucumán, y que ganó Cha Roga de Santa Fe.

   Aparte de las referentes históricas Mottura, Sánchez y Zufiría, juega en GEI Patricia Fusco, Licenciada en Educación Física y figura del equipo, que además integra el seleccionado argentino. Hay otras “profes” entre las Vikingas, como Lidia Acosta, que además es referee oficial de la URBA, y Eliana González. Forman parte del plantel, entre otras chicas, estudiantes del secundario como Jennifer Barreiro y Celeste Fallini, una estudiante de Medicina, Micaela-hija de Cristina Zufiría, una profesora de Inglés, “Lola” y una secretaria de un colegio, “Chicha”. El coach es, desde principios de 2012,  Nicolás Grana.

  Y justamente de principios de 2012 es la foto que ilustra esta historia, de algún partido amistoso al borde el Río de la Plata, cerca del estadio de River Plate, el mismo donde hace casi 30 años, Axl Rose y el resto de los Guns tocaron “November rain".

jueves, 22 de septiembre de 2011

Panamericana y 202

“Para vos, papá, por tu cumpleaños”, dice Daniel Salas, con el índice que apunta a su padre camionero, que fue a verlo jugar por primera vez y que, desde el costado de la cancha, con campera, gorro y las manos en los bolsillos, devuelve una sonrisa. ¿Fútbol? No, rugby. A pocas cuadras de la Estación Bancalari, en la zona norte del Conurbano bonaerense,  Daniel acaba de hacer un try para el equipo en donde juega, una categoría juvenil del Virreyes, que le gana a SITAS, de El Palomar. Pero el Virreyes Rugby Club no es como cualquiera de los clubes tradicionales. Además de permitirle a muchos chicos de barrios populares que jueguen ese deporte, ofrece becas de estudio, clases de apoyo y algo tan invisible como importante: sentirse parte de un proyecto en común.

  “Nuestras mujeres apadrinan un colegio de Virreyes. Como yo entrenaba rugby infantil y siempre me interesó lo social, me pregunté: ‘¿Para qué tanto rugby en mi vida?’. Y cuando surgió el proyecto, me dije: ‘Claro, tanto rugby fue para esto’, recuerda Marcos Julianes,  ex jugador del Club Atlético San Isidro y actual vicepresidente del Virreyes, mientras alienta desde afuera a los chicos.

 Junto a otro ex rugbier, Carlos Ramallo, fundaron la institución y convocaron a un grupo de gente bastante nutrido que hoy le pone el hombro al VRC, que incluye hasta una socióloga, Eleonora Jaureguiberry. ¿Quién es el entrenador del plantel superior, que juega en la última categoría del rugby porteño? Rodolfo “Michingo” O’Reilly, ex coach de Los Pumas y ex secretario de Deportes de la Nación.

 “Se fue sumando más gente, desde 2003. Se fueron juntando fósforos e hicieron una fogata”, agrega Julianes.  “Es cierto que en 2002 había una crisis muy fuerte y mucha movilización en la gente”, dice. La Municipalidad de San Fernando les dio los terrenos de su actual sede, a unas diez cuadras de Panamericana y Ruta 202. Hoy, 400 chicos de 6 a 19 años juegan al rugby en el Virreyes. También forman parte del club unos 60 socios  mayores y 200 socios benefactores.

     ¿Qué puede aportar socialmente este deporte? Julianes contesta: “Disciplina, asumir compromisos, trabajar en equipo. Todas cosas que sirven para la vida misma. El rugby en sí, por su juego, hace que sea difícil el estrellato individual.”. Señalando un scrum-esa formación en la que ocho jugadores de cada equipo se empujan, agachados, ejemplifica: “Ahí, en un scrum, ves que hay muchos esfuerzos anónimos. Y hay además un tema ético, porque si no tenés valores podés lastimar al rival en esa formación.” Termina el partido 81 a 9 para Virreyes. Marcos y los familiares presentes felicitan a los chicos, que salen echando vapor de la boca, bajo el cielo gris de una tarde de domingo.  
  Ya en el tercer tiempo, Marcelo Taborda, uno de los forzudos que todos los fines de semana se pone la remera verde del Virreyes, cuenta: “Es un orgullo estar en este club. Es mi segunda casa Es un lugar donde juego y me río un rato”. A su lado, está Yamil Sarli, un flaco alto con olfato para capturar la pelota ovalada y marcar puntos, que cuenta: “No tenía ni idea de rugby, pero siempre veía partidos de Los Pumas”.

  También se integra al trío Hernán Duarte, jugador rápido y habilidoso, que dice: “Me encantó desde el primer día. Siento unas ganas tremendas de jugar por la camiseta, y estoy muy agradecido al club. En unos años, me gustaría ser Ingeniero Electrónico y seguir jugando acá.”  Uno de los requisitos del Virreyes es que los chicos mantengan sus estudios.
  “Si pelota por medio somos iguales en una cancha de rugby un sábado a la mañana, podemos ser iguales en todos lados. Pero la integración no sería tal si esa igualdad no se diera en otros órdenes. Por eso, sin educación la igualdad sería una ficción”, reconoce Julianes.

   Por un convenio con el Ministerio de Desarrollo Humano bonaerense, el Virreyes canaliza 180 becas de estudio, para que los chicos se mantengan en el sistema educativo. “Solamente la cobran los chicos que estudian. Y de los 180 becados, solamente cinco o diez dejaron los estudios,” precisa Julianes. El Virreyes también ofrece apoyo escolar gratis dentro del club, merienda para los que estudian y entrenan ese día, y charlas sobre distintos temas, como prevención de adicciones. Además, tienen becas para estudios universitarios.

  El grueso de la dirigencia proviene de clubes de rugby reconocidos. Las relaciones conseguidas en ese ambiente permitieron que el Virreyes haya obtenido muchas cosas: los movimientos de tierra en el predio,  ladrillos y chapas, hamburguesas, gaseosas, botines, camisetas, dinero en efectivo.

 Con esfuerzo, el Virreyes logró concretar el cerramiento del salón del club. En la planta baja, se realizan los terceros tiempos, y padres de jugadores venden café y tortas para recaudar fondos. En un primer piso, una sala con computadoras es el lugar donde se dan clases de apoyo escolar.

  Desde 2010, el club juega con su plantel superior en el Grupo IV de la Unión de Rugby de Buenos Aires. El entrenador, queda dicho, dirigió nada menos que a Los Pumas en los ’80. Él, O’Reilly, al lado de la línea de cal, da indicaciones como si estuviera en el seleccionado nacional. “Marcos Julianes, a quien conocía del CASI,  me comentó del proyecto del Virreyes, y a los quince días de esa charla me acerqué. Y no paré desde ese momento”, dice.

   “Creo que una de las claves de que el club haya crecido tanto es que hay una enorme cuota de locura, en el buen sentido, en todos los que conducen la institución. Lo del Virreyes es un proyecto absolutamente apasionante, que nos ha llenado a todos los que participamos en él”, agrega. Hace 30 años, los rivales de su equipo eran Australia, Nueva Zelanda, o Francia. Ahora, son Beromama de González Catán, Defensores, de Glew, o El Retiro, de Hurlingham. Antes, los colores eran el celeste y blanco de Los Pumas, ahora, el verde, amarillo y rojo del Virreyes. Tanto en uno como en otro extremo, se mantienen el barro, los terceros tiempos, el olor a desinflamante.

Artículo publicado en la revista Tercer Sector, hace algunos años, y actualizado recientemente.