jueves, 22 de marzo de 2012

El vértigo de las listas

  Como el título de la entrada se llama un libro delicioso de Umberto Eco. En esa obra, el semiólogo y novelista italiano recopila listas y listas de cosas, personas, nombres, lugares, e imágenes que dan cuenta de esas enumeraciones. ¿Quién no sintió alguna vez cierto placer en recordar la lista alfabética de sus compañeros de escuela? ¿O la formación de su equipo favorito? ¿O en contar quiénes, de nuestros amigos, estaban esa noche en la fiesta de tal? Listar es proponer un tipo de orden en el mundo caótico en el que vivimos. En las listas, colocamos palabras unidas por determinada propiedad en común. O, si somos más vanguardistas, creamos una en la que justamente lo que une a los términos es que aparentan no tener ninguna relación el uno con el otro. 

  Este listado quizá nadie lo haya hecho, simplemente porque puede haberle parecido irrealizable, inútil o aburrido a mucha gente. Pero, en vísperas del Día Nacional de la Memoria, la Verdad  y la Justicia,  recordemos a los que ya no están, en particular modo a seres quizá intangibles: los clubes.  Hagamos un vertiginoso homenaje a algunos de los equipos que alguna vez estuvieron afiliados a la Unión Argentina de Rugby (UAR) y a la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) y que hoy sus nombres están en las penumbras del mundo del rugby.

   En vez de un minuto de silencio, hagamos un minuto de lectura y recordemos a:

*YMCA (sí, los de “youuuuemmmciei”, que cantaba Village People)
*Sportivo Barracas, que en los ’20 era un club muy importante, y que en su cancha sobre la Avenida Vélez Sarsfield jugaba de local la selección argentina de fútbol) 
*Yurucas  
*Gimnasia y Esgrima de La Plata  
*Estudiantes de La Plata
*Unión Telefónica 
*Club Cadete Universitario
*Crusaders Rugby Football Club
*Ituzaingó
*Rugby Club Los Charrúas
*Ferrocarril Oeste 
*El Tala 
*Black Cats 
*Asociación Deportiva Lomas 
*Saint George’s  
*Asociación Deportiva del Comercio 
*Central Argentino   
*Regatas de Avellaneda  
*Ateneo de la Juventud 
*Dirección de Alumbrado   
*Kanguru Rugby Club   
*Asociación Ex Alumnos INEF 
*Correos y Telégrafos
*Arquitectura
*Yporá Rugby Club 
*Harrods Gath y Cháves 
*YPF 
*Sucu 
*Lomas Rugby Club  
*H.A.G.A 
*Adrogué  
*El Bosque 
*Escuela Naval 
*Lealtad  
*Tiro Federal  
*Roma Rugby Club 
*Colegio del Salvador  
*Sociedad Alemana de Gimnasia de Vicente López  
*Percivil 
*Los Quilmes   
*Duques Rugby Club  
*Gimnasia y Esgrima de Lanús  
*Ultracanes  
*Atahualpa Rugby Club 
*Padua Rugby Club  
*Los Sauces  
*Los Tábanos   
*Avellaneda Automóvil Club   
*Buenos Aires Rowing Club  
*Greens Club 
*Río de la Plata  
*Manuel Dorrego   
*Escuela Argentina Modelo  
*Nueve de Julio 
*Universidad de Belgrano
*Belgrano Day School 
*La Aguada 
*Nueva Pompeya (cuya camiseta es la de la foto) 
*San Ignacio  
*Tiro Federal de Campana  
*Banco Provincia 
*Pilar 
*Porteño de General Rodríguez
*Central Buenos Aires
*Ateneo de Padua 
*Cardenal Stepinac
*Hans Christian Andersen
...


viernes, 16 de marzo de 2012

Franco


   Cuando se habla de accidentes y se cuentan heridos, de ellos nada más se dice en los medios. ¿Cómo están hoy los 700 heridos del choque del tren en la Estación Once? ¿Murieron algunos de ellos por las heridas? ¿Quedan algunos internados? Y entre los que ya recibieron el alta, ¿cómo estarán? ¿Qué secuelas estarán sobrellevando? ¿Volvieron a trabajar, a estudiar, a disfrutar de sus afectos?

   También se denominan “accidentes” a las situaciones durante un partido de rugby en la que algún jugador sufre una lesión seria. Pero después de los primeros tiempos de revuelo mediático, la espuma baja y queda la persona accidentada, con sus dolores y su historia nueva a cuestas. ¿Qué es de la vida actual de Rodrigo Cortés, jugador de Curupaytí que se lesionó las cervicales en 2008? ¿Y de la de Iñaki Benítez Cruz, a quien le pasó lo mismo con la camiseta de Deportiva Francesa, en 2009, mientras jugaba un partido de una categoría juvenil?  Salgamos de Buenos Aires ¿Cómo está Diego Elías, tucumano, “accidentado” en 1994 en la provincia del azúcar cuando jugaba con los colores de Universitario, de esa provincia? ¿Y Guillermo Bustamante Sierra, también “accidentado” en 1994, en Córdoba, en un partido con su equipo, Colegio Taborín?

 Franco Minotto está del otro lado del teléfono, en la ciudad de Mendoza, en la que vive con su familia. En 2006, una rodilla de un jugador rival golpeó su cabeza de tal manera que le lastimó el cuello al punto de que Franco ya no pudo caminar más. En ese partido, él defendía la camiseta de la categoría Menores de 15 años de Marista.

   “Ahora no voy mucho al club. Cuando lo hago voy a ver a mis amigos, de mi camada. Antes me visitaba más gente, pero se cortó un poco la relación. Al principio estaba todo el mundo.  La dirigencia de Mendoza no, yo con la Unión de Rugby de Cuyo nunca tuve relación. Nunca recibí un llamado de nadie de ellos, todo fue a través de Marista. No sabría decirte por qué”, cuenta Franco.

   Sobre el recuerdo de aquel día de 2006, y el golpe de su cabeza contra un jugador adversario, Minotto no tiene dudas. “Para mí fue un rodillazo con mala intención”. El involucrado nunca se contactó con él.  Durante varios meses quedó directamente con cuadriplejia. Después de mucha voluntad, esfuerzo y rehabilitación, logró recuperar la movilidad de los brazos. “Todo es muy lento, ya me lo dijeron los médicos”, agrega.

  “Recibo una pensión de 25 mil pesos por año, en dos tandas, por gastos míos, de material descartable y medicación. Uno en junio y otro en diciembre,” dice Franco. En Argentina, la Fundación Rugby Amistad reúne a jugadores que quedaron con discapacidad durante partidos o entrenamientos de ese deporte, y canaliza ayuda económica y moral desde 1992, además de buscar mayor conciencia para la prevención de situaciones que provoquen lesiones irreversibles durante el juego.

  Franco sigue haciendo kinesiología tres veces por semana y reconoce: “Es complicado el día a día”. Se levanta por las mañanas, y, con ayuda de su familia, pasa a la silla de ruedas. Recibe a la kinesiología, estudia textos de alguna de las materias de Abogacía, la carrera que cursa,  y a la tarde se para una hora y media, para fortalecer su cuerpo y no mantenerlo en la misma posición.

   También va a la cancha a ver a Godoy Cruz, aunque simpatiza por River. Escucha canciones de Bob Marley y es fanático de Los Simpsons y de El Chavo del 8. Por Facebook se lo encuentra rápido y-lo que no sucede con todo el mundo-responde los mensajes.

  Para ir a la facultad, en la ciudad de Mendoza, tiene algunos inconvenientes. “El transporte deja mucho que desear, tomar un micro para mí es casi imposible”, revela. Va  a la Facultad solo, y una vez ahí algunos amigos lo ayudan a ingresar. No siempre le resulta sencillo escribir, ya que no puede hacerlo por mucho tiempo.

  Con sus compañeros de estudio se lleva muy bien. Había empezado la carrera en una facultad pública, pero se sentía “un número más”. Ahora está más cómodo. Y claro, cómo olvidar a su familia, a su padre médico, a su madre docente, a su hermano de 18 años y a su hermana de 15, que están con él, de cuerpo y alma...


jueves, 16 de febrero de 2012

Una madrugada

    Pilar es un nombre de mujer.  Para la Real Academia Española, uno de sus significados es: “Especie de pilastra, sin proporción fija entre su grueso y altura, que se pone aislada en los edificios, o sirve para sostener otra fábrica o armazón cualquiera.”  También se le dice así a una persona que sirve de amparo a otra.  Y es además el nombre de una ciudad cercana a Buenos Aires, más precisamente a  54 kilómetros de aquella. La persona con buena memoria recordará que hay otra ciudad llamada Pilar, en Córdoba. Pero en este momento la historia se centra en la Pilar bonaerense, en un amanecer dentro del boliche Cuernavaca, después de unas horas de agitación, de pantalones Oxford, minifaldas y cervezas.

   “Era el año 1974, más o menos. Un grupo de amigos con los que íbamos a Cuernavaca empezó a armar los inicios del Pilar Rugby. Entre aquellos que empezaron estaba el dueño del boliche”, recuerda Héctor Romero. En esa barra de amigos, hasta ese entonces el fútbol era el deporte que todos compartían.  “Cuando empezamos a jugar el rugby, al principio llevamos todos los vicios del fútbol, como protestar, reclamar todo”, agrega Romero.

   El predio del colegio Verbo Divino fue el escenario de las primeras prácticas de esos pilarenses atrevidos que querían formar un equipo de rugby con arraigo en la zona. Ya estaba relativamente cerca Deportiva Francesa, pero en la localidad de Del Viso. A Pilar le faltaba rugby.

  Los primeros rivales fueron equipos de zonas vecinas, como de Exaltación de la Cruz, Campana, General Rodríguez y Moreno, que no estaban afiliados a la Unión Argentina de Rugby. Por ese 1974 también jugaron con Sociedad Hebraica, que al mismo tiempo ingresaba en los campeonatos oficiales, y, se construía  una especie de clásico, ya que el club de la colectividad judía tenía y tiene su campo de juego en Pilar, sobre la Ruta 8.  “Los que veníamos del fútbol”-cuenta Romero-“nos encontramos con algo nuevo, que era el famoso tercer tiempo, donde los problemas se olvidaban y había camaradería”.

  En aquellos meses iniciales de 1974 el Pilar Rugby no tenía sede. Los jugadores se juntaban en un boliche del centro de la ciudad alrededor de las 14, y, en distintos autos, iban a la cancha donde les tocaba jugar. Con el tiempo, consiguieron fondos para alquilar un micro que los llevara a los partidos.

“Hasta ese momento no había nada de rugby en Pilar. Éramos en los comienzos 10 o 12 tipos, que corríamos como locos entrenando, que veníamos del fútbol.  Para formar el equipo, también vinieron “foráneos”: personas que Vicente López y San Isidro y que se sumaron al grupo, de la mano del dueño de Cuernavaca, “Tato” Elías, uno de los presentes en la madrugada post baile donde decidieron armar el Pilar.

  Romero medía 1, 65 metro, y sabía que su contextura no lo ayudaba para ese deporte.  “Pero igual me gustó el rugby, el ambiente, la amistad por sobre todo, la unión…el saber que podías golpearte con un adversario y eso no terminaba en una agresión”, dice y recuerda que jugaba de wing.

   Ese 1974 se pasó en partidos de preparación, entrenamientos y en telefonazos y reuniones para sumar más personas al proyecto.  Romero jugó desde 1974 hasta 1979, cuando se casó. “Una vez jugamos con el SIC un amistoso. Nos cansamos de ir a buscar la pelota a nuestro in-goal. Pero les llegamos a hacer un try”, agrega.

   “Después fuimos a torneos regionales en la provincia de Buenos Aires. Uno de ellos fue en la ciudad de Rojas.  Fue un fin de semana largo, íbamos todo un grupete en tren. Vaciábamos la cantina en la segunda estación….también fuimos a jugar a Concepción del Uruguay, en Entre Ríos”, dice, y recuerda algunos nombres de aquellos pioneros: “Juan Antal, Coco Chalteiro, ‘Chochi’ Manfredi, que se encargaban de la parte dirigencial…Sergio Frascalori, Miguel Sainz, Juan Manzanares, ‘Charly’ De Batista, el ‘Gallego’ Paul…algunos de ellos luego se fueron a Deportiva Francesa, que siempre estuvo más armado.”
  ¿Y los colores que defendía? La primera camiseta era a rayas naranja y verde y después pasó a ser blanca, con rayas de aquellos mismos colores.  La cancha que usaban era la del Club Atlético Pilar, sobre la Ruta 8. Ese club quería introducir el rugby entre su oferta de actividades, y el grupo de Cuernavaca tenía la gente pero le faltaba infraestructura. En 1981, como Club Atlético Pilar, se afiliaron a la Unión Argentina de Rugby y en 1982 jugaron su primer campeonato en la última categoría, que se llamaba Preclasificación: ahí jugaron con GEBA, Hebraica, San Marcos, Luján, Los Cedros y Arquitectura. En esa temporada terminaron últimos, con un partido ganado y 17 perdidos. Al año siguiente no presentaron equipo aunque volvieron en 1987, solamente por dos años, cuando volvieron a irse de la UAR . Romero esa etapa ya no la vivió.

 “Pero tomé todo ese tiempo en el Pilar con mucho cariño. Amé y sigo amando al rugby, que me dejó muchos amigos. Pasados los años, con otro chico estuvimos dando clases en otro club para que los pibes no estuvieran en la calle, teníamos una escuelita de rugby con 40 chicos, martes, jueves  y sábados.  Uno de esos chicos, Diego Santos, después fue a jugar de Deportiva Francesa, y el rugby le cambió la vida”, dice y sigue:  “De alma yo era del SIC. A mis hijas que tienen 30 y 31 años las llevé a ver rugby como si a un chico lo llevás a ver fútbol. Una vez llevé en un Fiat 128  a 8 mujeres a que vieran un torneo juvenil de rugby y también las llevé a Ferro a ver a Los Pumas”.

martes, 10 de enero de 2012

Tu querida ausencia

 
   Ese flaco, morocho, que se bañaba poco y andaba siempre desaliñado, caminó por estos senderos en medio del césped.  Había pasado sus años de chico y adolescente repartiéndose entre Rosario, Misiones, Córdoba  y Buenos Aires.  Ya instalada definitivamente su familia en la capital argentina, mientras su padre abría una empresa constructora y después de que esta quebrara, una inmobiliaria, él estudiaba Medicina, leía autores socialmente comprometidos, jugaba al ajedrez…y también al rugby.

   Vivía por Barrio Norte y en Palermo,  zonas de las más exclusivas de la ciudad de Buenos Aires.  Y su primer hogar deportivo porteño fue el San Isidro Club (SIC),  por ese entonces un desprendimiento reciente del Club Atlético San Isidro (CASI), pero que ya cosechaba éxitos en el rugby.  Su padre, 60 años después, escribió:  “ Los médicos me habían dicho que ese deporte para Ernesto era simplemente suicida. Que su corazón no podía aguantarlo. Una vez se lo dije y me contestó: 'Viejo me gusta el rugby y aunque reviente voy a seguir practicando'. Ante tanta insistencia decidí usar otros procedimientos. Mi cuñado Martínez Castro era presidente del SIC y le pedí que sacara a Ernesto del equipo en que jugaba.” Y así parecía terminar el paso de Ernesto Guevara de la Serna por el deporte de la pelota ovalada.

  Pero el estudiante de Medicina y enfermo de asma recaló en otro equipo, llamado Yporá Rugby Club, para seguir jugando rugby, en un torneo paralelo al oficial, llamado “Liga Católica”, aunque luego el equipo se afilió al certamen principal. Cada tanto, Guevara debía salir de la cancha para usar el inhalador “Asmopul”, recuperar fuerzas y seguir en el partido.  El paso por Yporá resultó fugaz. Y sobre finales de los ’40 llegó al Atalaya Polo Club, fundado en 1942 por vecinos de La Horqueta, una zona residencial de San Isidro.

  Este Atalaya que ahora tiene a algunas familias que disfrutan de la pileta, la chica que pasea en bikini negra hiper ajustada con un nene de la mano, cuatro señoras con sombreros Panamá que juegan a las cartas en una mesa colocada a la sombra, un hombre  y una mujer de unos 50 años que piden bondiola de cerdo, otro grupo grande de comensales dentro del buffet del club que se quejan del gobierno. ¿Habrá sido siempre así Atalaya? ¿El “Che” compartía espacios y charlas con, quizás, los padres o abuelos de los comensales de la mesa grande, de la chica del bikini, de la pareja de la bondiola?

    Es domingo, hace mucho calor, los mosquitos revolotean entre el pasto y las mesas, hay pocos socios en el club, y ninguno muy anciano. Es probable que el calor los haya hecho recluirse en sus casas.  Por la web circulan testimonios extraídos de compañeros del “Che” en Atalaya, que dicen que era, más o menos, un buen jugador.  Y que tenía mucha fuerza de voluntad.  ¿El “Che” a sus 22, 23 años, mientras jugaba el rugby, se habrá tomado unos vinos en esta barra de piedra y madera, que está a metros de acá? El buffet tiene varios estantes con copas, ya oscurecidas por el paso del tiempo y la falta de pulido.

  Como su nombre lo indica, Atalaya nació como un club de polo. Pocos años después incorporó al rugby y  le siguieron el fútbol,  el tenis y el squash.  Pero, en sentido contrario, perdió tanto al polo, al vender parte de sus terrenos,  como  al rugby.  Como una rareza, en 1946 se realizó un espectáculo con toros, en el predio.  ¿Habrá sido la clásica corrida en la que un hombre, centro de la escena, hace alarde de su arte de cómo desangrar a un animal?

   En uno de los salones del buffet, las paredes están cubiertas de fotos: están algunos equipos del campeonato de fútbol interno, otros de polo y varios de rugby, con la camiseta marrón y amarilla a cuadros. No se ve en las fotos al “Che” Guevara ni tampoco hay cartel o placa que recuerde que en este mismo lugar, en este mismo club, pasó su tiempo uno de los revolucionarios más importantes de la historia.

    Tiene cierta lógica. No debe ser un orgullo para algunos socios de este club  sanisidrense que “el” guerrillero máximo haya sido socio y jugador de la institución. Ya en 1950, Guevara comenzó con sus viajes por el resto de Argentina y por América Latina, mientras creaba una revista dedicada al rugby, Tackle, donde firmaba notas con el seudónimo “Chang-cho”.  Su etapa de deportista se desvanecía y empezaba, a de a poco, la otra, la conocida.

  La política siempre, de un modo u otro, atravesó a Atalaya. En 1953, cuando el gobierno de aquel entonces intervino el Club Universitario de Buenos Aires (CUBA), este tuvo que dejar de jugar los torneos oficiales de rugby, por lo que sus principales jugadores fueron a Atalaya, que, con ese refuerzo, pudo subir a la primera división.

  Hace pocos meses, el candidato presidencial por el peronismo conservador, Eduardo Duhalde, hizo una reunión política en el Atalaya, junto a ex futbolistas y ex rugbiers.  Allí disfrutaron de un asado y de partidos de tenis, montados para entregarle material a la prensa.  ¿Habrán sido atendidos por la misma chica de pelo lacio largo y castaño, que se confunde de platos, se ríe nerviosa, dice que ya no hay lechuga y que la disculpe por la demora?

  El buffet del  Atalaya se publicita como “restó”, término muy a la moda que parece sugerir algo más fino que aquella palabra, más asociada a lo vulgar. Lo esencial no cambia: es el lugar donde los socios comen, por precios relativamente accesibles, rodeados de fotos de ex jugadores, del escudo del club y del acta fundacional de 1942.  Aquí, a mediados de los ’80 se filmó una publicidad de “Paso de los toros”, esa del slogan “Arrolla la sed”…

   Llama la atención en Atalaya, aparte de la ausencia de cualquier alusión al Che, que, mientras el “restó” se promociona por la red, el club tiene la puerta cerrada. Un portón metálico gris, que tapa la visión hacia el interior, es la “entrada” al club. De por sí llegar a esta parte de La Horqueta no es fácil, entre calles angostas que se cortan, o que serpentean entre árboles y monolitos.  Hay que tocar timbre para anunciarse, y ahí sí, el portón metálico se abre y uno puede ingresar a Atalaya. Por si  hiciera falta, un cartelito indica que el club, más que eso “es una quinta”.  

lunes, 12 de diciembre de 2011

Papeles de la memoria

  “Tu imaginación me programa en vivo/llego volando y me arrojo sobre ti/salto en la música, entro en tu cuerpo/cometa Halley, cópula y ensueño/tuyo, tuyo, luna de miel, luna de miel”. Por las radios, en las discos, en las fiestas, era la canción del momento. No había myspace, ni videos en youtube ni canciones comprimidas que viajaban de una computadora a la otra. Lo único portátil era el walkman, y las pc eran un objeto más bien exótico en la mayoría de los hogares.  A mediados de los ’80 algo innovador era un cajero automático, un skate o un jueguito electrónico Casio, del tamaño de una billetera.  La pista que estallaba era la de New York City, en Villa Ortúzar, y la piña colada era un trago de moda.  Por las calles, el que quería agrandarse manejaba un Ford Sierra, o un Renault Fuego, aunque que a ciertas almas este último auto les parecía “grasa”.

   Todavía se escribían cartas y hablar por teléfono no siempre era fácil, porque ni andaban siempre las líneas, ni todas las personas tenían su aparato. Fijo, obviamente. El celular era otro elemento que apenas aparecía en alguna película estadounidense. Fiorucci estaba de moda en cuanto a la ropa, e ir a Pumper’s Nick era una salida interesante. Había una chica que prometía, y que se hacía llamar Madonna, y los sábados y domingos, en alguno de los únicos cuatro canales que se podían sintonizar en Buenos Aires, siempre tenía que emitirse un programa que duraba 5 o 6 horas. 

  Otra opción de los sábados era ir a ver rugby. Como ahora, ya que esa costumbre no cambió, a diferencia del fútbol, que se desparramó de los domingos a todos los días de la semana, en cualquier horario, con tal de que se abastezca a la televisación.

  Sin Internet en el ambiente, y con el cable poco extendido-aunque ya existían canales-, informarse era, básicamente, depender de la televisión de aire, de las radios y de la veterana prensa en papel, a través de revistas y diarios. Pero si lo que se buscaba era informarse sobre rugby, el espacio se reducía a algunas secciones deportivas de diarios, un programa semanal en el fantasmal Canal 2, que pasaba un partido importante de la fecha, y algún espacio en radios.

  Pero todas las semanas, en los kioscos, esperaba a su comprador la Test Match, la única revista semana con la información sobre el deporte de la ovalada. Una especie de biblia para los fanáticos del rugby, seguramente muy costosa de mantener. Cada edición traía comentarios de todos los partidos de todas las categorías del rugby porteño, con las formaciones de cada equipo, quiénes habían sido los referees, cómo era el estado del campo de juego, los tantos, las tablas de posiciones y demás.

   Así, uno podía encontrarse con la cobertura de un triunfo del SIC ante Olivos, como así también con el análisis y los datos de La Aguada ante Nueva Pompeya.  Podía hallarse la formación y comentario de un partido de cuarta división, en categoría juveniles, entre Champagnat y Pucará, y un resumen el torneo tucumano.

  Un número del 13 de mayo de 1987 mostraba los preparativos del viaje de Los Pumas rumbo a Nueva Zelanda, donde se iba a jugar el primer Mundial del deporte. La selección argentina estaba consideraba en el lote de los arriba, y en una encuesta de ese número, tanto entrenadores como periodistas y dirigentes, arriesgaban que Los Pumas por lo menos iban a meterse en los ocho mejores.  Quizás el aislamiento de cada selección por las inexistentes competencias regulares, salvo para loa europeos, fomentaba un optimismo sin bases reales. Argentina debutó ante Fiji, y perdió por goleada. Luego la pasaron por encima los All Blacks, y apenas si se le ganó a Italia. Fue un shock. Atrás quedaban los tiempos de las hazañas y se abrían años de tobogán deportivo.
   Pero en ese mayo de 1987, todo era optimismo-en el rugby al menos-y el invierno, que se acercaba, se combatía con café La Morenita, chocolates Cofler y Aero y galletitas Rex.  La Test Match número 49, esa de mayo, mostraba el batacazo de Atlético del Rosario al ganar el CASI en San Isidro. Luego, una publicidad del Banco Galicia promocionaba su “Cuenta joven”,  con las imágenes de dos chicos por entrar a un Banelco, y el cerdito metálico dando vueltas.
  Pasando las páginas, uno se encontraba con la firma de Alejandro Coccia en la crónica del partido del CASI. En 3 años, Coccia sería famoso por un tiempo, al aparecer en Videomatch, con un Marcelo Tinelli gordito y nervioso, que parecía un marido recién casado.

  En las fotos de los partidos se ven que los referees eran mucho mayores que los actuales y que cada uno tenía una remera distinta. No había uniformes. Los jueces de touch eran allegados de cada club, y a veces podía ser un empleado que usaba un trapo a modo de banderín.  Al lado de la crónica de un triunfo de Belgrano ante San Cirano, Drean publicitaba su computadora Commodore 64, la “top” del momento. Al ver la imagen de ese teclado y del que ahora uso, veo que no hay grandes cambios, aunque sí los actuales tienen más teclas, ya que las F1, F2, F3 y otras no existían.

  Repasando las formaciones, uno se encontraba con que el partido Pueyrredón-Newman lo arbitraba Luis Darritchon, que a los pocos años tendría otro momento de fama como abogado de Luis Luque, hijo de un diputado peronista y condenado como violador y asesino de la chica catamarqueña Soledad Morales. Al año siguiente, Darritchon, abogado penalista de mucha trayectoria, iba a defender a un colega suyo, Mariano Cúneo Libarona-ex jugador de CUBA-, acusado de entorpecer la investigación del atentado contra la AMIA.  Darritchon moriría en 1998, mientras jugaba al golf en un campo de las afueras de Saladillo, once años después de aquel Puey-Newman.

   Los titulares de las notas hacían juegos de palabras, comunes entonces y ahora en las revistas, en especial en las deportivas. “Pucará se comió a los cubanitos”, para dar cuenta del triunfo del primer club ante CUBA, o “Alumni aprovechó las ventajas de este Banco”, para hablar  de la victoria de aquel ante Banco Nación, en ese momento un equipo muy poderoso y hoy en la lucha por no caer a la tercera categoría.

  Otra publicidad anunciaba la televisación en directo de los partidos de Los Pumas en el Mundial por Canal 2. Por esos años, ese canal se veía muy mal en Capital y alrededores. Su imagen  saltaba, o se veían a las personas multiplicadas por dos y por tres, como si nuestros ojos estuviesen teñidos de alcohol. Guillermo Alonso-director de Test Match- yAlberto Sáenz se anunciaban en los relatos y comentarios, y Luis Bavio desde los estudios.

  Una sección grande dentro de la revista, coloreada totalmente de amarillo, era la dedicada al rugby juvenil, algo que hoy ningún medio gráfico hace con ese despliegue.  Un Pérez Companc aparecía jugando en la Quinta de Newman, y un Kraiselburd, pariente de un dueño de una empresa periodística asesinado por Montoneros, en La Plata.

  Otro hallazgo era que no tenían por qué ser partidos de los más conocidos los que recibían cobertura, aun dentro de la sección amarilla. Una crónica podía incluir la goleada de Pueyrredón ante San José, y estar firmada por Miguel Simón, uno de los periodistas hoy por más serios e informados en un ambiente repleto de showmans. Hablando de show, una tarde fría de mayo de 1987, se había acercado hasta el Tigre Rugby Club un tal Mariano Iúdica, para cubrir el partido de los locales ante Los Pinos.

  También hoy en ESPN, Raúl “Rulo” Taquini, aparecía en la categoría de menores de 23 de CUBA, jugando un partido y ganando a Buenos Aires. Biei incluía en ese equipo Mac Adam, Phlipot, Back, Ryana, Botting, Smith y como entrenador a Harrison. Había más presencia de apellidos ingleses que en la actualidad. El referee del encuentro era Florencio Varela, abogado defensor de varios militares acusados de crímenes durante la última dictadura militar.

  Por la revista pasaron además otros periodistas que se consolidaron en medios gráficos, como Alejandro Cloppet, Pablo Mamone, Santiago Roccetti,  Mariano Ryan y Walter Raiño, entre otros. Y también me surge la duda sobre aquellos de los que hoy no se conoce su rastro en los grandes medios, más allá de su solvencia profesional.  ¿Quién era el Fernando Andreatta que escribió la crónica del triunfo de CUQ ante Liceo Militar? ¿Qué hacía en ese entonces y qué hace ahora el Mario Fridman que cubrió en Del Viso Deportiva Francesa-Manuel Belgrano?  ¿Y el Leonardo Medvedoff que vio La Plata-San Carlos? ¿Y Eduardo Román que escribió sobre SITAS ante Liceo Naval?

  Luego de las páginas amarillas de juveniles, venía la parte dedicada al rugby de las categorías de ascenso. Nadie volvió a intentar algo igual. La revista cubría todos los partidos de todas las categorías, así que estaban cubiertos un San Fernando-Los Tilos en segunda, hasta un Banco Hipotecario-Los Cedros, en Vila Celina, en la tercera-que se llamaba ascenso, pasando por encuentros como Porteño de San Vicente-DAOM  o San Marcos-Tiro Federal de Campana, en Monte Grande.

  Fernando de la Rúa jugaba en esa época en Buenos Aires, claro que no era el futuro presidente de los argentinos.  En la misma categoría jugaba el que quizá fuera el único rugbier porteño de ascendencia mapuche, Luis Coliqueo, en el Lomas.  Recuerdo a Coliqueo, macizo, morocho y de pelo largo, quien jugó muchos años con la camiseta verde, amarilla y roja de los lomenses.  En Hindú jugaba y era goleador Juan Pablo Aizenberg, hoy dueño de la cadena de librerías Santa Fe.

  Bajando un escalón, en la tercera categoría, en Banco Hipotecario formaba parte del plantel un chico rubio de rulos y ojos verdes, Gustavo Otero, que años después sería preparador físico de muchos clubes de fútbol, incluyendo el reciente Boca campeón dirigido por Julio Falcioni. En la cuarta categoría, que se llamaba “Clasificación”, estaba San Andrés, hoy en Primera. Los azules del norte tenían muchos “british” entre sus titulares: Poper, Cormack, Duggan, Mills, Ross y Cooper.

  Por último, un homenaje para aquellos equipos que ya no están, borrados por distintos motivos:

*San Ignacio, que estaba formado originalmente por estudiantes de las escuelas Raggio, de Núñez, y que jugaba en San Isidro.

* Cardenal Stepinac, que dejó de jugar rugby luego de que un jugador, Luis Benítez, sufriera un accidente durante una gira en Nueva Zelanda y quedara discapacitado-aunque milagrosamente se recuperó, años más tarde. La mayoría de los jugadores de Stepinac se fueron al club El Retiro, de Hurlingham, en el que introdujeron el rugby.

*Universidad de Belgrano, que tenía cancha en Moreno.

*Ateneo de Padua, de remera roja y verde a cuadros.

*La Aguada, que jugaba de local en el Parque de la Reconquista.

*Nueva Pompeya, que era de ese barrio porteño, tenía camiseta azul y blanca a rayas y un terreno en zona sur.

*Escuela Naval.

*Pilar

*Tiro Federal de Campana, cuyos jugadores se fueron para formar el actual Ciudad de Campana.

*Central Buenos Aires, el club de egresados del Nacional Buenos Aires con cancha en Florencio Varela.

  Como se suele decir, el pasado es otro país, y siempre es raro visitarlo…..

lunes, 14 de noviembre de 2011

¡Penal!

Bolsos al hombro, por la calle asfaltada entre el muro y la granja que tiene patos y cerdos, se acercan. Se detienen debajo de unos árboles y se colocan pantalones cortos, botines y remeras azules. Toman un poco de agua de bidones de plástico y entran a un campo de juego, demarcado por líneas de cal, haciendo piques cortos y trotes. Ellos, detenidos de la Unidad 41 de Campana, jugarán en pocos minutos un partido de rugby con el equipo del CEAMSE, al costado de los pabellones donde pasan todo el día. Un puñado de guardiacárceles con armas largas ocupa posiciones en los costados del terreno. Un nuevo encuentro de Extra Brut, el equipo de los privados de libertad organizado por el Grupo Campana Oval, está por comenzar.
  Omar Amendolari, ex jugador de rugby de Tiro Federal de Campana, es el entrenador, junto con Jonás Pérez Leonardi. Mientras da las últimas indicaciones a sus dirigidos y se  protege del sol con la mano, Omar dice: “Con mi amigo Alejandro Pérez Quartesan, padre de Jonás, empezamos a trabajar en este proyecto, a instancias de un jefe del penal que ahora está en otra unidad, el prefecto Fernando Pirali, que nos pidió enseñar rugby en la cárcel. Obviamente arrancamos con miedos y precauciones”.
  “¿Esta gente por qué está acá? Por no cumplir reglas escritas y morales. Por eso el método de enseñanza del deporte que aplicamos es a partir del cumplimiento de las reglas”, dice Amendolari. Así, trata de inculcar no solamente el respeto al reglamento sino al rival, al referee y a los compañeros. “Buscamos no solamente que mejoren la parte técnica, sino que absorban el espíritu del juego, la caballerosidad, toda la parte no escrita en cuanto a valores”, agrega. También planean jugar muchos partidos “afuera”, para generar una integración más fuerte entre los detenidos y el resto de las personas.
   Los integrantes de Extra Brut entrenan martes y jueves la parte física, dentro del penal propiamente dicho. Los sábados juegan partidos en esta cancha que está “afuera”, que sigue siendo parte del penal pero que está rodeada de árboles y parque, y que es el primer campo de juego de rugby en una cárcel argentina. Durante 2010, fueron marcando el terreno, consiguiendo los postes y clavándolos en la tierra. E inauguraron la cancha con un amistoso en noviembre de ese año, ante el CEAMSE, el mismo rival de hoy, que ahora anota un try y saca ventaja.
     Daniel Cotto es de Zárate, donde trabajaba ayudando a su padre en un taller mecánico, hasta que cayó preso. Él es uno de los mejores jugadores del equipo Extra Brut y vino de “refuerzo”, ya que salió en libertad en agosto pasado, después de pasar tres años preso. “Me acerqué de curioso nomás al rugby”, cuenta. Ahora volvió a  trabajar con el padre en el taller y asegura: “Les escapo a las malas juntas. Los veo y voy para otro lado. No voy a volver la cárcel, lo tengo puesto en el bocho”.
   Cuando arrancó el proyecto, eran unos 20 los internos que se acercaron. Actualmente, son más de 60 los que participan. El equipo no suele repetir la formación, porque entre los que se van, o los cambian de unidad, o no salen por alguna cuestión disciplinaria, la rotación es alta.
   Raúl Palleros juega en Extra Brut y ya tiene salidas transitorias los fines de semana, cuando trabaja en la cocina de un restaurante. “Hace 6 años y 6 meses que estoy detenido. Hoy estoy en la última etapa antes de la libertad. Tengo 36 años”, revela. Del rugby tenía idea por la televisión. “Siempre me gustó hacer deporte, además acá adentro es un cable a tierra. Cuando empecé a jugar rugby me atrapó, te cambia la mentalidad, renegás menos, hay mucho más respeto”, dice.
  A contramano de la visión edulcorada que a veces transmiten ciertos programas de te televisión sobre la cárcel, Palleros cuenta otra cara: “Acá adentro la cosa es bien distinta. Hay situaciones de violencia. Hay programas que muestran la cárcel como si fuera divertido, y la verdad que no hay nada menos divertido que una cárcel”. Él, aparte de trabajar, planea anotarse en la carrera de Trabajo Social en la Universidad Nacional de Luján.
  El dominio de Extra Brut sobre el Ceamse es claro. El partido pinta para goleada. No hay roces ni problemas de violencia entre los jugadores. Los familiares aplauden alguna buena jugada, y alientan a los internos. “Vamos vamos los pibes, vamos vamos los pibes”, canta un grupito.
  Termina el encuentro, con triunfo de los detenidos. Como en cualquier partido de rugby, hay “tercer tiempo”, en este caso, con sándwiches de milanesas que ofrece el árbitro, sobre una mesa de cemento como las que están en los campings. Los jugadores de los dos equipos se saludan, algunos se abrazan.
Cotto dice que ahora quiere disfrutar de sus padres. Palleros, por su parte, agradece: “a los dueños del restorán donde trabajo, que  me conocían de antes y me volvieron a contratar, porque sino es muy jodido conseguir laburo cuando salís”. Agrega que tiene mujer, y que ella siempre lo bancó. “Valoro mucho eso, porque he visto a muchos pibes que se quedaron sin familia después de estar acá”. También tiene tres hijos.
   Queda poco para que se termine el tiempo libre fuera de los pabellones. Los detenidos comienzan a ponerse los pantalones largos, a guardar los botines, a cambiarse de remera. A los que fueron a verlos sus familiares, se despiden con besos y abrazos. Luego, forman un grupo en dos filas, bolsos al hombro, rodeados por los agentes del Servicio Penitenciario, y regresan por donde vinieron: la calle asfaltada, la granja con los cerdos y patos que cuidan algunos internos, el muro alto a un costado, que tapa las celdas que los recibirán en pocos minutos, cuando salgan de la vista y pasen varios portones metálicos con mirillas…

*Anticipo de la nota que saldrá en la revista Tercer Sector, de diciembre.

viernes, 28 de octubre de 2011

Pequeño recordatorio del poder negro


La jira de los “All-Blacks”

  Desde la última vez que me ocupé en esta página de la jira que actualmente realizan por las canchas británicas los jugadores representativos de Nueva Zelanda, éstos han proseguido su actuación en forma por demás lucida y ya cuentan en su haber con otra victoria en un encuentro internacional.
  Mucho han escrito los comentaristas deportivos ingleses en los últimos meses sobre la supuesta inferioridad de estos “All-Blacks” de 1935 con respecto a los conjuntos de 1905 y 1924 que dejaron de su paso por esas canchas un recuerdo imborrable. En síntesis, los comentarios asignan escaso valor a los delanteros, sosteniendo que, malogrado su gran gran peso y corpulencia, no han constituido en ningún momento el pack completo y pleno de recursos que hay derecho a esperar en una selección neozelandesa. En cuanto a los backs la crítica es más benévola, pero no deja de señalar que estos jugadores no han demostrado ninguna técnica  nueva ni su juego ha tenido mayor brillo ni originalidad, aunque algunos hombres, en especial C.J. Oliver y T.H.C. Caughy, son reconocidos por todos como estrellas de primera magnitud. Anotados estos reparos, el lector se preguntará, con sobrado motivo, ¿si tienen estos defectos, cómo es que ganan sus partidos? Un pesimista podría extraer de ello una conclusión nada halagüeña  sobre el actual estado del rugby británico, peor la generalidad de los críticos atribuyen sus triunfos a dos factores fundamentales. El primero es la forma intensiva en que los “All Blacks” practican el “backing-up”, o sea el apoyo al hombre que lleva la pelota. Esto ha sido siempre la base fundamental del juego neozelandés y el equipo actual, no obstante sus defectos, ha sabido conservar esa virtud, en tal forma que ha hecho decir a un cronista “que siempre parece que hubieran más jugadores neozelandeses en la cancha que sus adversarios”. En segundo lugar se atribuyen sus éxitos al oportunismo de sus backs, pues una gran parte de los tantos que han obtenido lo han sido mediante el aprovechamiento rápido y certero de un error cualquiera cometido por un jugador contrario.
   Sería vana pretensión en quien no los ha visto jugar ensayar un juicio sobre el acierto de los comentarios que he reproducido más arriba, pero hay dos hechos objetivos y ciertos que merecen ser destacados. Sean o no sean un gran equipo, los “All-Blacks” han cumplido una campaña magnífica y a menos que les suceda algún desastre inesperado en los muy pocos partidos que les quedan por jugar, terminarán su jira con una foja de servicios perfectamente comparable con las que ostentaron sus predecesores de 1905 y 1924 y los conjuntos sudafricanos de 1912 y 1931. En efecto, han jugado hasta ahora 26 partidos, de los que han ganado 24, perdiendo 1 y empatando 1.
   En segundo lugar es indiscutible que los resultados de los encuentros revelan un gran equilibrio de fuerzas ente los “All-Blacks” y los diversos conjuntos que le han sido opuestos, puesto que los scores abultados han sido la excepción y no la regla como en jiras anteriores. Los partidos definidos por muy escaso margen han sido muchos y debe admitirse que en algunos de ellos, por lo menos, el factor suerte ha influido en el triunfo obtenido por los visitantes. Al releer lo escrito más arriba se me ha ocurrido que hay una gran semejanza entre lo que se comenta de este equipo neozelandés y lo que se decía aquí de San Isidro en la época del gran predominio de ese club alrededor de 1927. Tenía entonces San Isidro delanteros extraordinariamente pesados, pero de escasa técnica y que no sacaban todo el partido posible de su peso; sus backs eran sólidos, pero no brillantes, y el gran poderío del equipo residía en su habilidad para el “backing-up” y la forma en que aprovechaban todas las oportunidades que se les presentaban en el transcurso de los partidos y especialmente los errores de los adversarios. También ellos solían ganar bastantes partidos por escaso margen de puntos y, para que nada faltara en paralelo, era también costumbre en el ambiente atribuir muchos de sus triunfos a la intervención de la suerte a su favor.
Su actuación en Irlanda

   El programa preparado para la jira de los “All Blacka” comprendía solo dos partidos en Irlanda, uno contra Ulster en Belfast y otro contra el seleccionado nacional irlandés en Dublin. De paso cabe anotar que la separación política entre Ulster y el Estado Libre de Irlanda no ha implicado su separación en el rugby y que la Unión Irlandesa del Rugby sigue gobernando el deporte en todo el país; la selección irlandesa es, pues, representativa de toda Irlanda.
   El primer encuentro se jugó el 30 de noviembre, día de frío glacial con lluvia y viento helado. Estos factores perjudicaron el desempeño de los neozelandeses, nada acostumbrados a tales calamidades meteorológicas, y el resultado final fue un empate en tres puntos por bando, siendo éste el primer partido que los visitantes no conseguían ganar desde su primera y única derrota sucedida en Swansea dos meses antes.
   Tal resultado no hizo sino aumentar la expectativa alrededor del match con Irlanda que se jugó en Dublin el sábado siguiente, pues se esperaba que la selección irlandesa, lógicamente superior a la del Ulster, aunque integrada en parte por los mismos jugadores y que, además, es el actual detentor del campeonato internacional británico, opondría gran resistencia a los visitantes, no faltando quienes opinaban que los derrotaría, resultado que hubiera tenido gran resonancia.
   El partido se encargó de descartar tales esperanzas, pues si bien fue reñido en todo su desarrollo, los “All-Blacks”, demostrando su habitual capacidad para “agrandarse” cuando hace falta, se posesionaron de la delantera a los tres minutos de iniciada la lucha y no la abandonaron más. En el primer tiempo los visitantes anotaron tres tries por intermedio de Gilbert, Oliver y Harte, todos a raíz de corridas de tres cuartos, convirtiendo Gilbert  uno de esos tries, mientras que los irlandeses descontaron ventajas con un try marcado por Beamish y no convertido  y un “penalty-goal” que convirtió A. Bailey, terminando el período con ventaja neozelandesa de 11 puntos a 6. El segundo tiempo fue menos interesante, y los únicos tantos se marcaron a raíz de “penalty-kicks”; Gilbert acertó dos tiros de esta naturaleza a favor de los visitantes, mientras que Siggins hacía lo propio con uno otorgado a los locales. El score final de 17 a 9.
 Por Free-Lance, revista El Gráfico, 21 de diciembre de 1935.

jueves, 13 de octubre de 2011

Show de Gales

  
   Pesa más de 100 kilos y  mide 1, 90. Hombros muy anchos, con terminaciones que parecen cabezas de bebes. Tatuajes en el cuello, el antebrazo, en la zona de los abdominales. El pelo, rubio, rapado, ya le escasea en su cabeza.  Podría ser un patovica estilizado, porque su cuerpo está cincelado por el gimnasio. Agraciado de cara no es, de hecho su apodo es “Alfie”, por cierto parecido con “Alf”, el personaje de la serie de televisión de los ’80, narigón y de orejas grandes.  Este gigante jugó 100 partidos con la selección de rugby de Gales, en donde fue uno de los mayores anotadores de tries, y se despidió del equipo mayor en el Mundial de 2007. Pero siguió jugando en clubes, y actualmente lo hace en el Crusaders galés, dentro del “rugby league”, una variante del “rugby union”, el deporte que conocemos en Argentina.  Es una celebridad, por haber sido un crack de la selección galesa de rugby, pero, principalmente por decir a un diario masivo: “Soy gay”.

  De Gareth Thomas se trata la historia. Nacido en 1974 la localidad galesa de Sarn, un pueblito de 2500 habitantes, “Alfie” jugó en clubes importantes de Europa como Cardiff Blues, Celtic Warriors y Toulouse. Precisamente en Francia tuvo un incidente en 2002, por el que fue condenado en 2005 a pagar un resarcimiento económico a dos franceses a los que Thomas agredió en un pub, mientras acompañaba a compañeros de equipo que estaban pasados de copas.
  De 2001 a 2007 estuvo casado con Jemma, su novia de la adolescencia, sin que tuvieran hijos. Por esos años, Thomas frecuentaba bares de homosexuales en Londres, cuando su equipo jugaba ahí. En 2006, se quebró y le reconoció a su entrenador, Scott Johnson, que le atraían los hombres. El coach lo respaldó, y le avisó que iba a contárselo a algunos de sus compañeros. Estos, enterados de la noticia le dijeron: “Eh, ¿nos tenías miedo que no nos decías nada?”. Thomas  había  fabulado enredos con chicas durante años, entre sus compañeros, para disimular su homosexualidad y encubrirse en “la cultura de machos” que impregna al rugby.
  Desde que asumió públicamente su orientación sexual en una entrevista al diario Daily Mail su fama creció todavía más.  Al mes siguiente ofreció su testimonio para la revista Attitude,  símbolo de la cultura gay del Reino Unido.  Thomas sigue jugando de manera profesional al rugby, aunque en los últimos tiempos sufrió una fractura de su brazo derecho que lo alejó de los campos de juego.
  “No es que porque sea gay voy a estar flirteando con cada hombre que camina por el planeta”, había dicho Thomas en aquella entrevista al Daily Mail. También había señalado que para “salir del armario” antes debió sentirse consolidado como jugador de rugby. “En muchos aspectos  (el rugby) es salvaje.  Yo nunca podría haber ‘salido del armario’ sin primero establecerme yo mismo como jugador”. Thomas agregó: “Estadísticamente, no puedo ser el único, pero no estoy seguro de que haya otro jugador gay jugando”.
   Gales es poco conocido internacionalmente, más allá del rugby, que le dará fama por estos días, cuando su selección juegue con Francia en búsqueda de las semifinales de la Copa del Mundo. Ubicado en el extremo oeste de Inglaterra, el suelo galés ha sido cuna de varios famosos, que de tan internacionales, ya nadie recuerda que son galeses: Catherine Zeta Jones, Anthony Hopkins,  Tom Jones y Bonny Tyler, por ejemplo. Ya que mencionamos al cine, Mickey Rourke, famoso a principios de los ’90 por su papel  en “Nueve semanas y media” interpretará a Gareth Thomas en un film de próxima aparición.
   Nigel Owens también tiene que ver con el rugby y también es galés. Tiene 3 años más que Thomas, y es referee.  Nacido en el pueblo de  Mynyddcerrig, dejó de jugar rugby a finales de la adolescencia, justamente cuando comenzaba a sentir que le atraían los hombres. El entrenador del equipo donde jugaba le dijo, luego de que fallara un penal en el último minuto: “Andá a referear, o algo así”. A los pocos años, Owens comenzó a engordar, y combatió la obesidad haciendo pesas en el gimnasio, pero para no perder musculatura, se hizo adicto a los esteroides.  A los 24 años, se intoxicó con pastillas, en un intento de suicidio, en una zona montañosa de Gales, y unos rescatistas en helicóptero le salvaron la vida.
   En 2007, quiso contar que era gay, en los medios. Y ante ellos reconoció que la primera relación sexual suya con un hombre “estuvo conectada” con el rugby, sin dar más detalles. Owens fue el referee del partido del Mundial de Nueva Zelanda entre Sudáfrica y Samoa, y los jugadores del equipo de Oceanía lo acusaron de haberlos perjudicado.  Un jugador samoano, Fuimaono Sapolu, inclusive aseguró que Owens  es “racista “. El referee también dirigió el partido con que los All Blacks ganaron 33 a 10 a Los Pumas, y sus fallos fueron criticados por la prensa especializada. 
   Ahora bien, ¿qué hubiera pasado si en vez de rugby hablásemos de fútbol? ¿Hay una figura equivalente a la de Gareth Edwards que haya dicho que es homosexual? ¿Hay algún árbitro de fútbol que sea abiertamente gay? ¿Qué pasaría? Paradoja: el rugby, deporte rústico, tiene a dos personalidades de renombre explícitamente homosexuales en sus filas…