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miércoles, 27 de julio de 2016

San Juan-Bajo Flores-San Juan



  Una noche de 2014 en el Bajo Flores, en el predio del histórico DAOM, Las Panteras, el equipo de rugby femenino de ese club, entrenaba con intensidad, a metros de sus colegas varones. Entre las jugadoras, una se destacaba por su velocidad. Al momento de practicar cambio de ritmo, era la más ligera, junto a la francesa Aurore Bar. Hablamos de Yamila Salinas, sanjuanina y periodista deportiva. Dos años después, ¿en qué anda?


  “En 2015, en un amistoso previo al inicio del torneo, me rompí el platillo tibial, que es el hueso que sostiene la rodilla, una lesión rara”, cuenta. “Estuve 3 meses son caminar, me tuve que operar y volví a San Juan”, agrega. Ahora dejó de jugar al rugby y es una de las entrenadoras de las categorías infantiles del Club Ausonia, que introdujo ese deporte este año, y que está vinculado con la colectividad italiana.


 Se sabe que el rugby es un deporte de contacto, de impacto, o de choque, según el término que se elija. En ese sentido, quizá la presencia de una entrenadora mujer para los chicos que dan sus primeros pasos en el deporte sea más contenedora que si solo hay hombres.  Dice Salinas: “En el rugby infantil es bueno tener una profesora, es una figura maternal, pasa algo parecido en la escuela. Me gusta el papel, no soy el ‘profe’, pero la Unión Argentina de Rugby (UAR) va a  dictar cursos de entrenadores y voy a hacerlos. Es una manera de seguir cerca del rugby”.


  Pero el origen de Yamila con el deporte de la pelota con forma de óvalo es peculiar. “Yo tuve la iniciativa de jugar al rugby, por mí misma, y armé el primer equipo de rugby femenino en San Juan, en el Club Huazihul. Empezó como un proyecto para hacer un partido a fin de año, como una exhibición a beneficio. Recibimos mucha ayuda de los entrenadores y de la prensa, el evento trascendió y el año siguiente ya formamos el equipo”. Luego Yamila se trasladó  a Buenos Aires y  a través de Aurore Bar llegó a DAOM. En el club de camiseta azul, blanca y roja jugó entre 2012 y principios de 2015, hasta la lesión que sucedió en un torneo amistoso del que participaron Ezeiza y Atlético San Andrés.


  “Entre la lesión y que me imaginaba que se venían tiempos difíciles en cuanto a conseguir trabajo, me volví a San Juan”, dice, y explica que trabaja como periodista deportiva en un programa de radio y en uno de televisión sobre automovilismo. Reemplazó como actividad física al rugby por el crossfit, aunque por momentos le duele la rodilla operada. “El crossfit Es lo más parecido a hacer un deporte; es para llenar el vacío que me dejó el rugby”, asegura.


 En San Juan, el rugby femenino es incipiente. Existen Jockey, de la capital provincial, y Caucete, de la ciudad homónima. La idea de Yamila es que en Ausonia la escuela de rugby infantil sea mixta, aunque todavía no se anotaron chicas.  “El rugby femenino creció mucho en los últimos tiempos, la selección femenina argentina estuvo cerca de jugar los Juegos Olímpicos….de a poco va evolucionando; quizá no falte mucho para que haya más entrenadoras de rugby”, afirma.
 
Sin embargo, reconoce que todavía existen trabas y barreras para las mujeres, dentro y fuera del deporte. “Todavía hay prejuicios con que una mujer juegue deportes de contacto; todavía no se puede romper el paradigma de que la mujer como mucho juegue al hockey o haga cosas de ‘mujer’; pero muy de a poco se van rompiendo esos prejuicios”. ¿Y en cuanto a intentar volver al rugby como jugadora? “Acá hay dos clubes, pero si volviese al rugby lo haría en DAOM,  me gustaría estar ahí, con mis amigas y mi club. Para mí,  rugby es DAOM".

jueves, 20 de junio de 2013

Otra copa de ron


 Dice el periodista Ernesto Schoo en su libro Cuadernos de la sombra: “…la muchacha de la que se había enamorado se llamaba Georgia, bailaba en un cabaret y era bellísima. Yo, a mi vez, me enamoré de Georgia”.  Cierro el libro y pienso en ese nombre…claro, este sábado Los Pumas juegan con la selección georgiana, por la Copa Bacardi, en San Juan.  Un grupo de personas de un país del este de Europa, que tiene un alfabeto único, cruza el globo para jugar en una provincia montañosa argentina, por un trofeo con nombre de ron.

  En Georgia, un deporte ancestral se llama “Lelo”, como se contó acá, y tiene ciertas semejanzas con el rugby. Quizá eso haya ayudado al buen desarrollo de este deporte en ese país.  Nos cuenta el georgiano Giorgi Gamtsemlidze, quien jugó rugby en su país, en Bélgica y hasta en Jordania y trabajó como manager en la Unión Georgiana de Rugby (cuyo logo aparece en la foto de esta entrada): “En realidad, no creo que el Lelo haya ayudado al desarrollo del rugby en Georgia, pero la verdad es un deporte parecido. El Lelo se juega una vez por año, en Pascuas, en la aldea de Shukuti. Después está el Leloburti, que es una versión más aggiornada del Leloi”.

  En el Lelo original, dos equipos, representativos cada uno de un pueblo distinto, jugaban un partido generalmente en el terreno ubicado entre dos ríos, y ganaba el que más veces apoyaba una pelota sobre la orilla del curso del agua del contrario.  La pelota podía patearse o llevarse con las manos. Y, a veces, hasta podían usarse caballos para llevarla.  En la antigüedad, el terreno de juego podía tener ¡kilómetros! de extensión, e incluir valles, arroyos, bosques.

  Ya bajo dominio soviético, el “Lelo” fue reglamentado, y se decidió que cada equipo tenga 15 jugadores, que se pueda pasar la pelota (rellena de pasto o lana de oveja) hacia adelante, y que cada jugador puede tener el balón no más de cinco segundos.  Los participantes pueden sacarle la pelota de las manos a sus rivales, pero no deben obstruirlos sin la pelota, ni empujarlos deliberadamente. 

 El rugby unión llegó al país a fines del siglo XIX, cuando, como en tantos lados, empleados ingleses de una compañía y amantes del deporte, se unieron a georgianos que jugaban “Lelo”. En 1967, la visita de coachs franceses reactivó el progreso del rugby georgiano.

   Gamtsemlidze asegura que “el rugby es el segundo deporte después del fútbol y es el seleccionado deportivo más exitoso; tenemos 6000 jugadores fichados, muchos de ellos profesionales que juegan en Francia.” En cuanto a la organización de las competencias del rugby local, cuenta: “Tenemos 3 ligas, la principal con 10 equipos, la segunda división y una amateur. En la primera división el gobierno financia a los clubes, y los jugadores cobran un pequeño salario”. Eso sí: “los referees son muy pocos, tenemos un problema importante con eso”, agrega.

  Georgia ganó a principios de año la Copa Europea de Naciones  (una especie de “6 Naciones B”), superando a Bélgica, España, Rusia y Portugal y empatando con Rumania. Pero en la reciente Copa Tbilisi (nombre de la capital georgiana), que se realizó por primera vez, quedó tercero entre cuatro equipos, dejando atrás  a Uruguay pero abajo del campeón, South Africa President’s XV y del segundo, Emerging Ireland.  Según Gamtsemlidze,  dos de los titulares georgianos para enfrentar a Los Pumas,  Vasil Kakovin y Dazil Zirakashvili, son figuras de su país y juegan en el Toulouse y en el Clermont, respectivamente.

  Si bien las potencias siguen siendo las mismas, la pelota ovalada pica más y más en distintos países.  ¿O quién imaginaba hace 20 años que Finlandia, Camboya o Costa Rica tuvieran selección de rugby? Georgia, con mucha más historia, quiere seguir pisando fuerte. ¿Qué harán ante Los Pumas,  en el oeste argentino?

 

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